ABRIL De la periferia a la periferia

Durante 2015, con la experiencia realizada el año anterior, los jóvenes de Cárcova, Independencia, Lujan y Sagrado Corazón se unieron en tres misiones, demostrando que los límites y las diferencias se superan y nos enriquecen si nos dejamos invadir del espíritu solidario para llevar el mensaje de Jesús a todos los que quieran o necesiten escucharlo.

A su modo, nuestros jóvenes transmiten la fe en un Dios de amor yendo a esos campamentos misioneros, visitando las casas de las comunidades y compartiendo su alegría con los niños y ancianos y así misioneros y misionados son alcanzados por el amor de Dios, que en esos momentos crece y se nutre.

El entusiasmo permitió que durante enero de 2015 llegáramos a Ibicuy y Paranacito, lugares con idiosincrasias bien diferentes.

En Ibicuy la gente siempre nos espera muy ansiosamente. Las dos misiones anteriores a la misma localidad han hecho que entre los vecinos de Ibicuy y los misioneros de la Parroquia San Juan Bosco nazca una relación muy rica y fuerte, donde no solo los niños del pueblo se ven movilizados por nuestros jóvenes, sino que la gente recuerda siempre la visita de los misioneros y los está esperando para compartir un instante de sus vidas donde se mezclan las bendiciones de los misioneros y la vida de los misionados.

Villa Paranacito, una localidad que si bien hoy tiene un alto porcentaje de habitantes en el continente, supo ser un localidad que centralizaba la actividad de muchos isleños que vivían de la actividad forestal o arenera, estilo de vida que ha quedado impregnado en muchos aspectos. Tan es así que la capilla está dedicada a Nuestra Señora de las Islas. La experiencia de los misioneros en este caso fue diferente a la realizada anteriormente, ya que se le agregó la navegación por los ríos cercanos puesto que una parte importante del pueblo, junto con el hospital y la comisaria, está justo en la margen opuesta al rio Paranacito.

A esto se sumó la visita a un asilo de ancianos que despertó en los abuelos una pequeña “revolución” y llevó a realizar un almuerzo en el que Patricia con su música y los abuelos con sus anécdotas llenaron de alegría el hogar y a compartir una misa muy emotiva con la participación de todos los abuelos.

Durante las vacaciones de julio, y a pedido del “Dardo”, responsable de llevar adelante un jardín, escuela de oficios y los comienzos de un Hogar de Cristo en Gualeguaychu los misioneros de toda la Parroquia visitaron esta ciudad, tomando como base el jardín Nazaret en el barrio “La cuchilla”, un lugar que se corresponde a lo que Francisco denomina “periferias”, no solo por un capricho de la geografía, sino también por la situación de sus pobladores. En este caso el trabajo de los misioneros tuvo que adaptarse a esta situación social distinta a las experimentada en misiones anteriores y esta adaptación no tardó en dar sus frutos, todos los días fueron incrementándose no solo el número de los niños que se acercaban a compartir juegos y merienda, sino también los adultos y jóvenes del barrio que fueron habituándose a las misas vespertinas. En ellas se vivieron situaciones muy significativas para el barrio: el padre Pepe y el obispo de Gualeguaychu bendijeron la imagen de la Virgen de Medalla Milagrosa, adoptada por los jóvenes del Hogar de Cristo como patrona, finalizando con una procesión por el barrio con la Virgen María como protagonista de la misma.

Fernando Schroeter

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