ENERO El descubrimiento del mar

Ver por primera vez el mar, descubrir su inmensidad inabarcable que nos hace percibir la grandeza de la Creación y nuestra relativa pequeñez es la fuerte experiencia que vivieron muchos de los partícipes en los campamentos de verano realizados en la ciudad de San Clemente del Tuyú (en el bonaerense Partido de la Costa) que organizó la parroquia de San Juan Bosco y la misión pastoral que abarca a los vecinos de las villas de José León Suárez.

Unos 600 chicos, muchachos, expedicionarios de Don Bosco, adultos y jóvenes en tratamiento en el Centro de Recuperación Gauchito Gil se hospedaron, en turnos cada uno de 60 personas, en una Iglesia que construyó en aquella localidad marítima el sacerdote italiano Ettore Francia.

Durante el mes del campamento quedan atrás los dramáticos problemas de desocupación y trabajo precario (en especial para los jóvenes), de comercio y consumo de drogas, violencia, baja escolarización, marginamiento y pobreza que hacen parte de la realidad cotidiana que se vive en La Carcova, Curita, Independencia, 13 de Febrero, los barrios de procedencia de los acampantes, a 500 kilómetros de San Clemente.

Quienes comparten el campamento viven una experiencia que les ayuda a fortalecer la amistad, la solidaridad, la belleza y la alegría de ser cristianos. Y la esperanza, esa esperanza trabajosa de la que habló Papa Francisco a los jóvenes cubanos durante su visita a la isla de setiembre al decirles: «Queremos esperanza, esperanza que es sufrida, es trabajadora, es fecunda, nos da trabajo y nos salva de la cultura del descarte y esta esperanza que es convocadora, convocadora de todos, porque un pueblo que sabe auto-convocarse para mirar el futuro y construir la amistad social, como dije, aunque piense diferente, ese pueblo tiene esperanza».

Al cabo de los campamentos, el regreso a la dura realidad de las villas, pero armados de renovada esperanza y voluntad de construir y para terminar, unos versos dedicados al mar de Luis Prieto, de Mario Benedetti y de Antonio Machado:

 

Escúchame mar:/ ahora me voy./ Me voy, pero no te dejo,/ porque es imposible dejar el corazón/ y llevar tan sólo el cuerpo. / Me voy hacia tierra adentro/ pero llevo pegado a los costados/ todo tu mundo abierto de promesas/ que has dejado colgadas/ de mi alma mensajera.

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El mar, ese Evangelio donde dicen/ que Jesús caminó con desparpajo/ esa alfaguara de los invasores/ esa fontana de los pusilánimes/ sabe mucho, muchísimo de náufragos.
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Todo pasa y todo queda;/ pero lo nuestro es pasar,/ pasar haciendo caminos,/ caminos sobre la mar.

Alver Metalli

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