JULIO ¡Salud, León Suarez!

El 8 de julio los dos ómnibus salieron desde la parroquia San Juan Bosco, en José León Suárez, llevando a los peregrinos que, encabezados por el padre Pepe Di Paola, llegamos a Asunción al cabo de 27 horas de viaje, alentados por la perspectiva de tener un encuentro físico y espiritual con el Papa Francisco, durante los tres días de visita del Santo Padre al Paraguay. Junto a integrantes de la parroquia porteña de San Cayetano, nos alojamos en la sede del Instituto San Pedro y San Pablo, donde fuimos atendidos con hospitalidad cristiana por los hermanos paraguayos y ahí comimos, dormimos, oramos, cantamos, charlamos, nos reunimos en asambleas, nos visitaron amigos argentinos y paraguayos y compartimos una feliz y fraterna experiencia de vida comunitaria.

Los que nos sentíamos en condiciones físicas para hacerlo, el viernes 10 de julio viajamos hasta Caacupé, ciudad distante 54 km. al Este de Asunción, considerada la capital espiritual del país y pasamos la noche en la plaza que está frente al santuario de la vírgen de Caacupé, advocación mariana que nació hacia el año 1.600, cuando se dice que la Madre de Jesús salvó la vida de un guaraní al que atacaba una tribu enemiga y él, en signo de gratitud, talló en madera una Vírgen María morena que es la imagen de Nuestra Señora de Caacupé, a la que los paraguayos veneran hasta hoy. Durante esa noche a la intemperie y durmiendo en el piso, cayeron un  par de fuertes chaparrones. Pero a la mañana del sábado 11, poco antes de que comenzara la Misa que presidió el Papa, un sol radiante iluminó a un cielo celeste. Estaba por comenzar la ceremonia cuando en el fondo de la Plaza, donde estábamos los peregrinos de nuestra parroquia San Juan Bosco, se escuchó que alguien llamaba a los gritos: “¡Padre Pepe!, ¡Padre Pepe!”. Era uno de los colaboradores del Papa, quien le había encargado que buscara a nuestro párroco y lo llevara hasta donde estaba el altar, para que estuviera entre los oficiantes de la Misa. La ceremonia fue seguida con unción y alegría por la multitud que había acudido ahí y en su homilía el Sumo Pontífice señaló que en Paraguay “tienen la memoria viva de un pueblo que ha hecho carne la palabra del Evangelio”. También habló de las mujeres paraguayas: “Dios bendiga a la mujer paraguaya, la más gloriosa de América” y destacó su “gran valor y abnegación” para “levantar un país derrotado, hundido y sumergido por una guerra inicua”, en referencia a la llamada Guerra de la Triple Alianza de 1864. Francisco instó a los paraguayos a “no perder la memoria, las raíces” y los exhortó a ser “portadores de fe, de vida, de esperanza”, mensaje que se extiende a todos los pueblos del mundo.

Por su lado, quienes no pudieron llegarse hasta Caacupé se congregaron en algunos lugares de Asunción por donde iba a pasar el Papa y allí pudieron verlo, saludarlo y ser saludados por él cuando vio el cartel que identificaba a nuestra parroquia villera, bien conocida por Francisco.

El domingo 12 a la mañana nos alineamos a la salida de la Nunciatura para saludar al Papa cuando salió de ese que era su alojamiento y por la tarde todos acudimos al encuentro de Su Santidad con la juventud paraguaya, que tuvo lugar en el bello litoral costanera asunceño. Esa noche, tras participar de la Misa, compartimos una cena y fiesta de despedida en el Instituto San Pedro y San Pablo y en el viaje de regreso a la Argentina hicimos una breve parada en Mercedes (Corrientes), para visitar el santuario al Gauchito Antonio Gil.

Fue así que los peregrinos y con ellos toda la comunidad parroquial de San Juan Bosco compartimos en cuerpo y alma la trascendente visita de nuestro Papa Francisco al Paraguay y en julio, el mes de la Independencia de nuestra Patria terrenal, pudimos también celebrar a nuestra Patria celestial.

Victor Lapegna

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