OCTUBRE EL pueblo de las villas va a Luján

La madre es el único Dios sin ateos”. Este dicho popular, que describe el amor a sus progenitoras que anima a la mayoría de los argentinos, tiene especial vigencia en el pueblo humilde, donde no parece que se apliquen demasiado algunos de los alcances de la teoría psicoanalítica acerca del complejo edípico. De ahí que la comunidad de las villas de José León Suárez que formamos parte de la parroquia San Juan Bosco, en octubre nos sumamos con entusiasmo a la tradicional peregrinación en la que cada año millones de argentinos testimoniamos nuestro amor a la Madre de Jesús, yendo a visitarla en su Santuario de Luján.

Peregrinamos para agradecer a la Virgen de Luján porque nos brinda su mediación para que recibamos en nuestras vidas los dones de Dios y también para pedirle por nosotros, nuestras familias, nuestros barrios y nuestra Patria, con la certeza de que su amor maternal no defrauda y así es que, como hijos, renovamos nuestra dignidad de personas, porque la Virgen Madre nos lleva a Jesús que nos enseña con su Palabra y nos entrega su vida.

El hoy papa Francisco, cuando todavía era nuestro cardenal Jorge Bergoglio, nos decía en Luján: “Miramos a nuestra Madre y le expresamos nuestro deseo hecho oración: Madre queremos una Patria para todos. Que todos tengan cabida. Que no haya sobrantes, excluidos ni explotados. Que esta Patria para todos nos consolide como hermanos en la herencia patriótica de nuestros mayores. Que nadie sea despreciado. Que no crezca el odio entre nosotros. Que el rencor, ese yuyo amargo que mata, no eche raíces en nuestro corazón (cfr. Hebr. 12:15). Madre queremos una Patria renovada en la fraternidad; Madre, queremos una Patria para todos”.

Nos decía también: “Cuánto bien nos hace venir a Luján para aprender a ser buenos hijos, buenos hermanos, que se ocupan por el bien de los otros. Por eso aquí hacemos este pedido para todos nosotros, para toda nuestra Patria. Es el mejor lugar para hacerlo: que aprendamos todos a trabajar por la justicia y para esto, que siempre tengamos el corazón abierto, el corazón grande que nos anime a hacer este pedido”.

A la Virgen le pedimos fuerza para trabajar por la justicia, serenidad cuando haya dificultades y que seamos hermanos para poder compartir el camino. Y también que nos ayude a cumplir con el lema que el Padre Pepe dio a nuestra comunidad parroquial: Trabajar, Orar y Callar.

(Victor Lapeña)

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