Las mujeres de “Solano”

LA LUCHA DE UN GRUPO DE MUJERES PARA QUE LA IGLESIA PUEDA ESTAR SIEMPRE MÁS PRESENTE EN EL BARRIO

Quien camina los barrios de Independencia y Villa Curita puede conocer dos centros católicos característicos: el primero, La Guardería de Itatí, desde siempre, tuvo la fisonomía de una pequeña Capilla, dado que la presencia estable de las Hermanas Adoratrices de la Sangre de Cristo, hizo que ésta no fuera sólo un centro educativo para los pequeños y sus familias, sino un Centro evangelizador.
El otro centro es San Francisco Solano, al inicio llamado “de Catalano” que era como se llamaba quien animaba esa comunidad y que se mantuvo en pié merced a un puñado de valientes mujeres que, a pesar de muchas contrariedades, jamás lo abandonó.
Mirando hacia atrás, viene a mi memoria una reunión mensual en la cual los devotos se acercaban con la Virgen María, bajo la advocación de la “Rosa Mística”. Recuerdo una especie de “galpón” muy prolijo, pintado de un blanco que lo embellecía e iluminaba y que estaba engalanado con distintas imágenes de la Virgen.
Después de 25 años, la vida me trajo de nuevo a animar la vida de estos mismos barrios. Al llegar a “Solano”, como es llamada la Capilla, encontré un templo precioso, limpio y hasta encerado, tan pulcro que se hubiera podido comer en el piso, como comúnmente se dice.
En este lugar, que parecía una “casita de muñecas”, encontré además unas mujeres: Estela, Ramona, “la otra Estela”, Elsa, Teresa, Albina y…. sí, no quiero olvidarme de nadie… que estaban con secadores, escobas y trapos, sacando el agua del templo que, por la falta de pendiente y porque se había edificado bajo el nivel de la calle, siempre estaba “bajo agua”.
Otras veces, recuerdo que la Capilla había sido víctima de “rateros” que habían entrado a robar lo que encontraran y hubo ocasiones en las que se encontraban con agujeros en el techo porque algún inconsciente se “divertía” tirándole piedras.
A pesar de esos hechos, que se daban con frecuencia, la capilla recibía a los niños de la catequesis y a quienes asistían a la Misa como si nada hubiera sucedido. Este grupo de mujeres, incansables, hacían del lugar un templo digno de recibir a los devotos, y de albergar al mismo Dios, Jesús.
Estas mujeres, además, mantuvieron encendida la llama de la evangelización en Villa Curita. Fueron más allá de punteros políticos, inclemencias climáticas y adversidades de todo tipo, llevando la Palabra de Dios en un modo concreto y constante. Ayudando al desamparado, dando una palabra de aliento al que estuviera solo, rezando juntas y compartiendo unos mates en la Capilla que en el barrio se había hecho “Casa de todos”.
Otras se fueron sumando a lo largo de estos años: María, Pato, María de los Ángeles, Viviana, sintiendo que eran parte de “Solano”, con orgullo y amor de pertenencia. La Capilla fue cobrando más vida con el aumento de actividades. No sólo se seguía con la catequesis, sino que se sumaban otras tareas pastorales.
Llegó la buena noticia: “Vamos a levantar el terreno para que esto no se inunde más; vamos a tener nuestro templo, las aulas en donde los jóvenes y no tan jóvenes que así lo requieran puedan recibir formación profesional: en la parte de atrás, tendremos una cancha para poder jugar al fútbol, u otro deporte”.
Con lágrimas en los ojos vieron cómo el edificio se demolía, pero por un bien mayor. Y al mismo tiempo que era doloroso ver que eso se derrumbaba, les brotaban lágrimas de alegría porque, finalmente, “Solano” tendría una estabilidad que hasta el momento, por la mala construcción del edificio, no había conseguido.
Estas mujeres nos enseñan día a día, con su presencia silenciosa y sus ganas de aprender y contagiar la fe a sus vecinos, que vale la pena darlo todo por Cristo y por su Iglesia, pueblo santo de Dios que es el barrio. Ellas, silenciosamente, indican al Padre Pepe quienes están enfermos, solos y deprimidos, situaciones de dolor y soledad y saben compartir y gozar las alegrías del encuentro por ser Iglesia Católica, peregrina en esta Parroquia y Misión Diocesana San Juan Bosco que tiene por Madre a la Virgen María.

Patricia Ataria

Facebooktwittergoogle_plusmail