Pinceladas del Barrio Independencia

El barrio nace del ferrocarril. Antes todo era campo. Primero fue la Estación “km 24” (hoy José León SUÁREZ). Luego, llegó la fábrica, con casitas para sus operarios. Y un tambo con animales que se adueñaban de la vecindad…
Y después, el agua. Imposible crecer sin agua
Agua material: dos bombas manuales, conseguidas por el hermano Vicente Catalano, seglar franciscano. Agua espiritual: derramada con generosidad por la Parroquia Inmaculada Concepción. Es que para entonces, la vida comunitaria del paraje iba siendo fuerte y eran como “ovejas sin pastor”.
Pero vamos a la historia propiamente dicha. Tres memoriosos vecinos del barrio, Don Medina, Doña Tere y Don Lalo, riguroso amargo de por medio, fueron desempolvando relatos, como quien sube a un altillo y se reencuentra con objetos familiares.
-“…el Barrio Independencia tiene 60 años. Su nombre, 30. En realidad, no es un solo barrio, porque están ‘Malvinas Argentinas’ y ‘5 de noviembre’ ”-
-“…no – se van corrigiendo – el único barrio reconocido en los libros de la Municipalidad, es Independencia…”
Aprendemos que una parte de ese barrio que hoy se llama “5 de noviembre” se formó con familias venidas de los bajos de Lanzone, en la gran inundación de los años 60.
-“…cuando era gobernador Allende y presidente, Frondizi…”-
-“…y Malvinas, toma el nombre de la calle, pero no es barrio…”-
Los pueblos, los barrios, suelen tener pioneros. Don Domingo Soligno con su textil IVASA, lo fue en barrio Independencia. Legó en los años 40 y toda la naciente barriada trabajaba en su empresa, confeccionando los entonces muy famosos casimires “Spencer”.
Él había hecho construir un montón de casitas alrededor del establecimiento, para sus operarios. Y una canchita de fútbol.
-“…la fábrica ocupaba como 1500 personas…”- nos cuentan.
Alguna vez debería escribirse las historia de los empresarios argentinos. Seguramente nos encontraríamos con personajes contradictorios, con pasiones sublimes y con bajas pasiones.
Preguntamos: Don Domingo, ¿era un hombre querido?. Dudan. Pero de pronto, como si también fuera injusto no contestar “sí”, recuerdan:
-“…él donó los terrenos para la Parroquia Inmaculada Concepción…”-
Sería interesante ahondar su historia.
Granja, con vacas, caballos, chanchos…
-“especialmente, chanchos…- se ríen nuestros historiadores-…que corrían y mordían a la gente que iba a trabajar…”-
Había un “balde volcador”, nos cuentan. Movido por caballos, subía agua y la derramaba en bateas muy grandes, donde abrevaban los animales y se bañaban los tan temidos porcinos. La comida, asegurada.
En la revista de las “Bodas de Oro” de la Parroquia Inmaculada Concepción, que geográficamente está en el barrio Independencia, leemos que “…llegaron desde Italia dos sacerdotes franciscanos fundadores: Don Buenaventura Marcheggiani y Don José Cupertino”. Se hicieron cargo, como límite pastoral, de unas de 30.000 almas a lo largo y ancho de 850 manzanas. Y encontraron que sus “ovejas sin pastor”, también eran niños sin escuela. Por eso, ya en sus principios, formaron un centro educativo parroquial. La obra de los hijos de San Francisco fue muy fecunda. Hacia 2002, habían pasado por la comunidad 12 párrocos, 37 frailes, 22 religiosas, con 12 capillas. No tememos equivocarnos al afirmar que los franciscanos fueron (y son) “levadura y sal” de José León Suárez
Las llamadas Piletas Marimón”, obra del hermano del famoso automovilista Domingo Marimón, eran gigantescas. Tanto, que solían navegar barquitos en ellas. Por el predio que las albergaba, hoy pasaría el “Camino de Buen Aire”, entonces, inexistente. Allí se hicieron históricos recitales populares: el mismísimo “Pappo” y “Vox Dei”, entre otros,
hicieron vibrar al barrio. Se entraba al complejo desde Artigas y calle “P”
(diagonal 188). El asesinato del
Intendente Campos en 1970, durante el gobierno de Cámpora marcó el principio del fin. Durante el “proceso” militar, la alegría de “Piletas Marimón”, se
cambió en el terror de un centro clandestino de detención.
La última palabra del Barrio Independencia es para la Fe, el Amor y la
Esperanza. La parroquia “Don Bosco” asume el desafío de una segunda evangelización. Porque sabe que la barriada encierra un tesoro en vasijas de barro.

José Miguel Altube

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