Esposo, Padre y Cura

La extraordinaria vida de Manuel Fariña, desde  Mugica  a Bergoglio y padre Pepe.

El padre Manuel Fariña no es un cura convencional. Nació en Paraguay. Ahí vivió 24 años; luego vino a la Argentina, donde ya hace 50 años que está. Dice que el padre Pepe di Paola es su hermano mayor espiritual, aunque podría ser su hijo.

El 30 de mayo de 2015, cuando fue ordenado sacerdote, lo acompañaban su hija y su hijo.

La ceremonia se celebró en el Santuario de Nuestra Señora de Caacupé del barrio de Caballito, donde reposan las cenizas de su esposa, Juanita, a la que sigue amando. Su unción sacerdotal fue presidida por su compatriota y viejo amigo, monseñor Mario Melanio Medina, el obispo de San Juan Bautista de las Misiones y Ñeembucú, en Paraguay. También participaron de la ceremonia cuatro obispos argentinos: monseñor Joaquín Sucunza (actual obispo auxiliar de Buenos Aires quien fue compañero de estudios de teología del ahora padre Manuel Fariña), monseñor Rubén Frassia (actual obispo de Avellaneda­Lanús), monseñor Fernando Maletti (actual obispo de Merlo­Moreno), monseñor Luis Stockler (actual obispo emérito de Quilmes).

Aún antes de ser ordenado, en su vida de laico, Manuel supo honrar los deberes y derechos de sacerdote, profeta y rey que adquirimos al ser bautizados y reafirmamos al ser confirmados. Sacerdotes para hablar a Dios de los hombres a través de la oración.
Profetas para hablar de Dios a los hombres. Reyes para servir, como Jesús sirvió.

Sacerdote, profeta y rey. En 1966, cuando llegó a la Argentina desde su Caacupé natal, Manuel comenzó a estudiar en la Facultad de Teología, que en esos años, autorizaba el ingreso a los laicos. En tanto, ganaba su sustento material trabajando en la construcción y alimentaba su vida espiritual trabajando en la Iglesia. Con algún compañero estaban arreglando una casa en el barrio de Chacarita, donde el padre Arturo Paoli atendía a los vecinos. A esa casa llegó el sacerdote Carlos Mujica, del que Manuel se hizo amigo y a través del cual se vinculó a los curas villeros. Así fue que, hace ya más de 15 años, en la villa de Barracas conoció al padre José Pepe Di Paola, del que dice que está en la misma línea del padre Mujica, “con una entrega total hacia la gente pobre, necesitada, especialmente los niños, los jóvenes y las personas que tengan conflictos en la vida por su pobreza y, en ese sentido, para mí, el padre Pepe es admirable, es ejemplar”.

En el tiempo en que estudiaba teología y trabajaba en la construcción y en la Iglesia, Manuel conoció a Juanita Romero García, una compatriota que había llegado a la Argentina para trabajar de empleada doméstica. Se enamoraron, se casaron, tuvieron una hija y un hijo y vivieron juntos 45 años, militando todos los días. Dice Manuel de Juanita que era “una mujer extraordinaria dentro de su humildad”. Con voz algo vacilante cuenta: “Juanita era 7 años menor que yo y siempre pensé que yo iba a morirme antes. Y de pronto murió ella. Sentí que fue un descuido, se enfermó, estuvo mal casi un año y falleció. En ese proceso nos acompañó el padre Pepe, que nos iba a visitar, ya que era amigo de los dos. Al fallecer ella quedé existencialmente descolocado. No entendía más nada. Y como una manera de seguirla, se me ocurrió entregarme totalmente a Jesucristo, a Dios y empecé a buscar intensamente la forma de ser sacerdote. Por lomenos quería ser sacerdote tres meses”.

“Vine y le conté al padre Pepe, que es mi director espiritual. Él me dijo: “Mirá Manuel, si yo fuera Obispo te ordenaría esta misma tarde”. Yo preparé todos los papeles que tenía y pensaba que me iban a pedir. Pero después se juntaron unos cuantos obispos a los que conocía de Pastoral Migratoria y eran amigos, quienes me dijeron que no les interesaba ver los papeles y todos juntos resolvieron que sí. Pero iba a tardar en ordenarme y yo quise apurar mediante monseñor Melanio Medina, un compatriota que era amigo mío desde antes de ser sacerdote y del que algún periodista dijo que es un “transgresor” porque cuando se le pone algo enseguida decide. Él vino y me ordenó el mismo día del cumpleaños de mi esposa. Hoy muchas personas hablan de ella. Una persona extraordinaria y el 10 de mayo voy a ir a Paraguay con mi hijo y vamos a inaugurar una capilla en la campiña en donde ella nació”.

Los años al servicio de Bergoglio. En la década de 1990, Manuel trabajó con el, por  entonces, obispo auxiliar de Buenos Aires monseñor Jorge Mario Bergoglio en la Pastoral Migratoria, que despliega buena parte de su labor en las villas donde viven tantos hermanos paraguayos, bolivianos, peruanos y migrantes de otros países. Sabedor de esa relación, en junio pasado, el padreManuel fue invitado a ir a Paraguay durante la visita del papa Francisco, con el que se encontró en el Santuario de Virgen de Caacupé. “Yo te conozco de laico, que hacés acá”, cuenta que le dijo el Papa al verlo. “Yo le conté que había fallecido Juanita, a la que él conocía y queme había ordenado sacerdote. Siento que Francisco tiene para nosotros el mismo lenguaje, la misma mirada, los mismos sentimientos de ir a Jesucristo como persona y a la gente como personas”.

Manuel mantuvo cuatro encuentros oficiales con Juan Pablo II y los describe así: “Yo soy cofundador y fui coordinador de un movimiento pastoral paraguayo en la Argentina que por estos días va a cumplir 46 años. En esa condición estuve en Luján, cuando el papa Wojtila vino por la guerra deMalvinas y ahíme eligieron para que leyera una oración para América Latina en guaraní y castellano, que fue aplaudida fervientemente; supongo que porque ha de haber habido unos cuantos paraguayos “infiltrados”. Ahí lo conocí y recibí de él la comunión. Después organizamos con un grupo grande el encuentro con los trabajadores en el Mercado Central, con monseñor Rodolfo Bufano ( por entonces obispo de San Justo ) y el ahora monseñor Frassia, que era párroco de San Cayetano y ahí nos encontramos de vuelta. Después en Paraná, con los migrantes, y por fin en Paraguay, en Encarnación, también con los migrantes”.

En cuanto a Benedicto XVI explica que sólo lo conoció como Joseph Ratzinger, con cuya obra tomó contacto cuando estudió teología en la que él es una autoridad reconocida.

La experiencia vital de Manuel Fariña y su acceso al sacerdocio evoca la figura de quienes son denominados en latín viri probati (“hombres probados”), expresión proveniente de la Primera epístola de Clemente (44,2) retomada por el Concilio Vaticano II (LG 20), con la que el derecho canónico se refiere a hombres casados , de vida cristiana madura y contrastada, a los que, de modo extraordinario, se admite la  ordenación sacerdotal . Esa figura se practica en Brasil, donde laicosmayores casados que viven y gozan de autoridad, respeto y afecto en una comunidad, son ordenados sacerdotes para que sigan ejerciendo el ministerio en esa comunidad.

Al respecto,Manuel apela al Evangelio y recuerda que el mismo Pedro, Simón el pescador, fue llamado por Jesucristo a conducir su barca pese a que estaba casado. Termina mencionando que “presbítero significa anciano según me dijo un sacerdote dominico y biblista, el padre Gabriel Nápoles, y yo soy un anciano”.

 (Victor Eduardo Lapegna) 

Pepe-Manuel

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