Una amistad que cruza los océanos

Los socios fundadores con el padre Eduardo Drabble en la Trattoria Il Maghetto de Roma

Curas Villeros

Apoyar el trabajo de los Curas Villeros es el objetivo de una Asociación que acaba de constituir un grupo de amigos romanos. La primera idea surgió cuando algunos de ellos conocieron al entonces obispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio. Bergoglio fue el primero que nos habló de la experiencia de este grupo de sacerdotes que viven su vocación en las ciudades de la miseria, las “villas” de Buenos Aires. Una experiencia sobre la que ya en 2008 Gianni Valente publicó un artículo en la revista mensual 30Giorni y al año siguiente una entrevista al mismo cardenal Bergoglio.

Al mismo tiempo, otro amigo nuestro italiano también nos contaba sobre esa misma experiencia. Desde los años ’80 Alver Metalli está radicado en América Latina, y sus relatos nos asombraban sobre todo porque él manifestaba el deseo de ir a vivir a las villas para acompañar el trabajo de los sacerdotes que han dedicado su vida a la gente de los barrios de emergencia argentinos. La curiosidad fue aumentando con el tiempo y muchas veces las historias que llegaban de aquellas tierras lejanas se convertían en tema de discusión en nuestros encuentros y en nuestras cenas de amigos el sábado a la noche o después de la misa en la basílica de San Lorenzo, en la plaza del Verano. Precisamente en esa iglesia todos nosotros, y no solo aquellos que tuvieron la suerte de viajar a Argentina, pudimos conocer hace cerca de diez años a monseñor Bergoglio, un amigo que en aquel momento estaba muy lejos pero que ahora es nuestro obispo y nuestro Papa.

Empezaron a ser habituales, dentro este grupo de amigos, los relatos protagonizados por el padre Pepe, el padre Charlie, el padre Eduardo… Por eso tuvimos un gran placer cuando pudimos encontrarnos con estos sacerdotes que ya considerábamos amigos, aunque no los habíamos visto personalmente todavía. Resultó también natural para muchos de nosotros tratar de responder a los pedidos que recibíamos de ellos: tratar de ayudarlos con sencillez, por ejemplo, colaborando para comprar un vehículo para el trabajo en las villas.

El padre Pepe viajó a Italia junto con su padre los dos últimos años, participó en el Meeting dell’amicizia de Rimini y recorrió varias ciudades italianas realizando encuentros. Nació entonces la idea de apoyar de una manera más estable la actividad de los curas villeros. Entre tanto, Alver nos hablaba del trabajo para construir un centro deportivo en la villa, pero una obra de esa envergadura requería una inversión que estaba fuera del alcance de sus bolsillos.

Dejando de lado todas las dudas, en septiembre del año pasado redactamos el estatuto de una asociación caritativa, que quedó constituida ante un escribano de Roma. Lamentablemente el día que nos encontramos en las oficinas del escribano, que decidió sumarse también a la Asociación cuando leyó los objetivos, no todos los que hubieran querido estar presentes pudieron asistir. Pero un pequeño núcleo de seis personas, conectados por medio de la computadora con Alver, que estaba en La Cárcova (la villa donde ahora vive), fue suficiente para dar comienzo a la iniciativa, que ahora estamos proponiendo a muchos otros amigos. Para dar a conocer la Asociación hemos creado un sitio en Internet [http://www.procurasvilleros.org/index.html], y algunos de nosotros decidimos utilizar momentos de encuentro como casamientos o fiestas de cumpleaños para difundir la idea y reunir fondos para apoyar a los Curas Villeros. La presencia del padre Pepe en el próximo Meeting de Rimini en agosto, una cita en la cual participan habitualmente miles de personas, será otra oportunidad para dar a conocer nuestra pequeña iniciativa y consolidar la relación que ha nacido con estos amigos del otro lado del mundo.

Roberto Gerosa (presidente) y los otros socios fundadores: Emilio Innocenzi, Paola Fabbri, Lucio Brunelli, Paolo Biondi y Dino Graziano

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