“Me voy con los curas de la villa”

Me voy con los curas de la villa (…) al fondo más fondo de los barrios donde es corto el salario pero es grande el amor (…) me voy con los curas de la villa, la forma más sencilla de amor por los demás…”. Juan, Macarena, Federico, Maru y Samir tomaron al pie de la letra la canción de Mario Cabrera y sus “Cantores de Aquí”. Por qué? Cinco historias que merecen ser conocidas…

Por Guadalupe Garcia

Colaboración de Victor Eduardo Lapegna

JUAN MERONI: “Estoy acá por una historia de amistad…”

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Juan Meroni llegó a La Cárcova antes que el padre Pepe; en agosto del 2012 lo designaron encargado para lanzar un nuevo programa en el barrio desde el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Seis meses más tarde, en febrero del 2013, llegó Pepe al barrio. Poco a poco Juan fue asociando su trabajo profesional con el trabajo social de la parroquia hasta que logró ocupar el puesto actual.

Juan tiene 43 años y es trabajador social. Dentro de la comunidad de Don Bosco trabaja en la parte organizativa y social desde donde gestiona y vehiculiza los recursos, becas, subsidios y programas que surgen de organismos públicos, nacionales, provinciales, municipales y privados que se acercan con ganas de ayudar luego de conocer a Pepe.  “Mi trabajo literal es ser el trabajador social de la parroquia” afirma.

¿Cómo te describirías?

Nací en La Plata, estoy casado. Mi mujer es médica pediatra y viene acá a dar catequesis los sábados. Tengo tres hijos: Francisco de 11, Ezequiel de 7 y Paula de 4. Con ellos se dan cosas lindas porque también vienen al barrio, lo conocen. Por ejemplo, cuando Fran tomó la primera comunión vino con todo su grado a colaborar en una jornada, trajeron cosas y jugaron con los chicos de expedicionarios.

¿Cómo llegaste a ocupar el lugar que tenés hoy en La Cárcova?

Llegué acá porque tengo una historia de amistad con Pepe que nació en la Villa 21. Yo arranqué a trabajar ahí en 1994 como voluntario haciendo alfabetización. Tres años más tarde, en 1997, Pepe llegó como párroco y se fue dando una amistad vinculada al trabajo con los chicos. A su vez, yo empecé a participar en la vida de su parroquia. En agosto del 2012 me designaron desde el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación encargado para llevar a cabo un plan nacional en la villa La Cárcova. En febrero del 2013 Pepe volvió de Santiago y lo destinaron párroco de acá. Es algo que hasta el día de hoy me cuesta creerlo, lo tomo como una linda causalidad más que casualidad. De a poco se me fue dando la oportunidad de asociar mi trabajo profesional, como trabajador del Estado, con el trabajo social de la parroquia.

¿Cuál es tu rol en la parroquia?

Hago de todo un poco. Llego temprano, alrededor de las nueve ya estoy por acá y lo que hago varía cada día, no hay rutina. Empecé destinando un día entero de atención fija a los vecinos. Ahora estoy en la parte organizativa y social de la parroquia desde donde gestionamos los recursos y los distribuimos entre las distintas capillas. Me relaciono con el municipio y a la vez con los voluntarios.

¿Qué actividades se realizan en la parroquia?

Hay muchas actividades porque acá la Iglesia tiene presencia fuerte a nivel territorial. La idea es que cada capilla funcione como centro preventivo integral, sobre todo para chicos y jóvenes. Hay apoyo escolar, deportes, catequesis y en algunas incluso brindamos asistencia alimenticia. Además, están los centros educativos como el Don Bosco y fuera de los barrios están los Hogares de Cristo para trabajar las adicciones. Entendemos a la persona en todas sus facetas. Sabemos que tiene necesidades físicas como comer y vestirse y tiene necesidades intelectuales como aprender, desarrollarse y recrearse. También tiene necesidades sociales, de vivienda y espirituales. La idea de la parroquia es poder estar en todas estas facetas de la vida de la persona a modo preventivo.

¿Por qué elegís trabajar con Pepe?

Por un lado, yo me reconozco hijo de la Iglesia. Desde pibe viví distintas experiencias como grupos juveniles y comunidades. En toda esta historia lo conocí a Pepe que creo que es un ejemplo de sacerdote sobre todo comprometido con los pobres. Creo que es uno de los más grandes exponentes de compromiso, de claridad, de coherencia evangélica y social. Es un tipo que labura. Pero Pepe no solo tiene carisma, también influye como trabaja con la gente de adentro y de afuera del barrio. Logró crear una comunidad y a la par construir, logró que la gente del barrio llegue a encargarse de las actividades. A cada uno se le da una función que es importante y necesaria. Esto cambio la vida de la gente del barrio y también de la gente de afuera que viene a colaborar.

MACARENA SILVA: “Crear algo diferente se puede…”

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María Macarena Silva, alias Maca, conoció muchos asentamientos de Buenos Aires pero en La Cárcova encontró algo especial que la empujó a quedarse. Estudia sociología porque siempre busco “conocer está realidad para poder transformarla, poder mostrar que se podía crear algo diferente”.

¿Cómo llegaste a donde estás hoy?

Empecé a trabajar en La Cárcova hace dos años, en febrero del 2014. Llegué por primera vez con la fundaciónUniendo caminos, estuve un año y medio con ellos pero siempre me gusto la manera que trabajaba la parroquia: Pepe y su comunidad. De a poco me fui comprometiendo más, más allá de mi trabajo. Me quedaba en las misas y en las actividades que hacían extras, me convertí en voluntaria en distintos lugares.

¿Que tenían de especial los barrios?

Desde los 15 años soy voluntaria, cuando empecé a trabajar en Carcova me di cuenta que son barrios muy distintos de las villas de Capital y otras villas para las cuales trabajé. Creo que lo que me llamó la atención fue el desafío tan grande y el abanico de propuestas. Había encontrado el lugar para hacer lo que a mí más me interesa, para poder construir algo distinto. Acá podía hacer, encontré un lugar donde me gustaba trabajar. No imponemos sino que primero llegamos, escuchamos los problemas, vemos las necesidades y ahí construimos algo para el barrio. Dentro de la comunidad todos tenemos el mismo objetivo y las mismas normas de laburar para el otro: escuchamos y construimos juntos.

¿Qué visión tenés de La Cárcova?

Al principio lo veía como un barrio muy conflictivo, la gente era muy desconfiada, no nos creían. Mucha gente nos cerró la puerta hasta que nos ganamos su confianza. Se dieron cuenta que realmente queríamos laburar acá, queríamos hacer algo nuevo con ellos. Ahora recibo amor. Amor, compañía, ayuda y gente presente cuando lo necesito. Cuando armamos cualquier actividad, se la cuento a alguna madre y al toque recibo ayuda para que la actividad funcione y sea cada vez más grande. Contamos con un montón de voluntarios dentro del barrio.

¿Cuál es tu tarea dentro de la parroquia San Juan Bosco?

Coordino el área educativa de toda la parroquia San Juan Bosco. Cada capilla tiene su propio dispositivo educativo, se arma según sus características. No podemos replicar lo que hacemos en un lugar con exactitud porque las poblaciones son muy distintas entre sí y las necesidades son otras. Mi objetivo es coordinar, guiar a los voluntarios y los equipos en todas las capillas para poder alfabetizar, para poder dar apoyo escolar y poder acompañar a los chicos.

¿Notas algún cambio en el barrio desde que llegaste hasta hoy?

Sí, es notable, el año pasado no lo veía tanto. Al estar todos los días uno pierde la dimensión pero viéndolo en conjunto se nota, se ve entre los vecinos quienes se acercan de otra manera. Cambió muchísimo todo. Hoy en día hay muchos más colaboradores del barrio, son ellos los que quieren verlo mejor entonces quieren venir a ayudar a los chicos de la parroquia.

¿Por qué te comprometiste tanto con La Cárcova?

Desde chica creo que dándole confianza y demostrándole a la gente que tiene algo bueno para hacer iba a poder cambiar esta sociedad. Siempre tuve esta mirada tan idealista, tan soñadora. Cuando llegué a las villas de Suarez me di cuenta que este era el lugar donde podía aplicar lo que fui viviendo y aprendiendo a lo largo de mi vida. Antes de venir para acá laburé en la villa 21, en Ciudad Oculta y la 31 y nunca me pasó de decir en este lugar tengo que estar. Además yo vivía por esta zona cuando era chica, soy de 3 de Febrero que queda acá nomás, esto me da como un lazo afectivo con el lugar.

¿Te ocurrió algo significativo en tus años de trabajo?

Si, cuando llevamos a los chicos a San Clemente. Para muchos fue la primera vez que salieron de Carcova, para otros, la primera vez que se iban tan lejos de su familia y casi ninguno había conocido el mar. Desde que subimos al micro, todo era increíble. Ver las caras de alegría valió todo el esfuerzo, la lucha cotidiana por hacer algo distinto. Me dio un montón de fuerza, me impulso a seguir para que los chicos sigan viviendo cosas tan lindas. Además, al viaje nos fuimos los de Luján y los de El Milagro. Hay que aclarar que entre los chicos siempre hubo una disputa entre “los de arriba” (de El Milagro) y “los de abajo” (de Luján) y en el viaje los chicos compartieron como vecinos, como si nunca hubiese habido un conflicto. Finalmente se acercaron.

FEDERICO PINTO: “20 pibes menos muertos por años…”

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“Soy Federico Pinto, me dicen Fede pero acá no hay dos personas que me llamen de la misma manera, me llegan a decir Fer” afirma uno de los abogados que trabaja para la parroquia. Como muchos, Pinto conoció a Pepe trabajando como voluntario en la Villa 21 y en el 2013 con la llegada del nuevo párroco a La Cárcova se trasladó a este barrio.

¿Cómo es tu formación profesional?

Soy abogado, laburé toda la vida de eso y lo sigo haciendo. En paralelo y desde hace mucho tiempo hago actividades vinculadas al trabajo social. Fui voluntario de una organización que daba apoyo escolar en la villa 21 en Barracas donde conocí a Pepe. Cuando lo designaron a Pepe párroco de esta capilla le ofrecimos con la fundación venir a darle una mano con el apoyo escolar. Después de esto me fui metiendo de la manera que podía en la agenda de actividades de la parroquia. Un día descubrí que incluso podía trabajar desde acá. Podía ir a trabajar a tribunales a la mañana, cambiarme en el auto y venir a la villa que era el mejor lugar donde yo podía estar, donde estoy. Así me fui quedando.

¿Cuál es tu rol en la parroquia San Juan Bosco?

Lo que hago sobre todo es participar en las mesas de producción de laburo, de diseño y organización. Soy abogado entonces la gente también se me acerca a hacerme consultas. Hago un poco de todo pero estoy en un plano más de organización, soy uno de los encargados del desarrollo institucional de la parroquia. Yo soy católico pero no me quedo solo por esto. Creo que el trabajo que hacen las iglesias en las villas levanta todas las agendas de cualquier organización social y, a mi modo de verlo, lo mejoran y enriquecen. La mirada de Pepe y los curas que él representa es que cada capilla que integra la parroquia funcione como centro de prevención. En cada capilla funcionan centros autónomos de prevención desde donde brindamos asistencia alimentaria, deportes y actividades recreativas.

¿Por qué elegiste La Cárcova y el ámbito social para trabajar?

Lo que me pasó acá fue que quedé como atravesado con el lugar. Puede sonar paradójico pero acá conocí una forma de felicidad nueva, distinta, una forma plena de felicidad. No me gusta usar el concepto experiencia para explicarlo porque creo que la experiencia es lo que se vive en un museo, yo acá vivo una de las partes más importantes de mi vida. Lo que veo acá son inmensas imágenes de dolor equilibradas con intensas demostraciones de algunas cosas que no se dieron nunca en el barrio de dónde vengo. Nunca había visto la solidaridad como la veo acá. Solidaridad de verdad, la de una familia con 11 pibes que lleva al número 12 que levantó de la calle. Veo la incondicionalidad de los vínculos.

Es imposible no pensarlo a Pepe también en esto. Entendiendo a Pepe y al equipo de curas con el que trabaja como referentes sociales que lograron estrategias de trabajo que reducen los niveles de violencia social. Dan una respuesta que no encontré en el Estado ni en la sociedad civil. Gracias a su laburo hay 20 pibes menos muertos por años, esto es real. Pepe es como que si te gusta la medicina laburar con Favaloro, es jugar al futbol con Messi. Es imposible no ponerlo como referente importante del cambio que estamos viendo los que trabajamos acá y los que estaban antes. Pepe es un gran constructor de comunidad.

¿Cómo vez el proceso de cambio en el barrio desde que llego Pepe?

Es impresionante, hace tres años no juntábamos ni cinco pibes para una actividad y hace dos meses se fueron 600 chicos a distintas playas en San Clemente, a Córdoba y Entre Ríos. Chicos que no se juntaban en una esquina y ahora están conviviendo 10 días juntos.

Ha habido movidas culturales y artísticas, pero poco sirve si no hay algo que es en definitiva lo que siempre queda y eso es lo que acá está sobrando, la construcción comunitaria. Los vecinos se empezaron a ver la cara entre todos. Logramos que la gente que viene de afuera, como es mi caso, entienda lo rico que es el vínculo entre uno que viene ayudar y el que recibe la ayuda; entre uno que tiene que agradecer y uno que recibe las gracias; que en estas historias la mejor forma de mirar al otro es sencillamente como el que está al lado, no está ni arriba ni abajo.

Hay un tema central que es parte de lo que quiero trabajar yo. Es muy fácil, en la medida de que los que estamos afuera de las villas y los barrios marginales, no empecemos a cambiar la mirada, el problema no va a cambiar. No tengo duda que mientras no cambie lo de afuera, no cambia lo de adentro. Por ejemplo, cuando a un chico de La Cárcova hace un Curriculum no puede poner que vive acá, tiene que poner que vive en otro lado porque si no, no lo contratan.

Si un chico nuestro no puede poner en donde vive, el problema no es del chico sino del que lee el Curriculum. En esto hay un tema de comunicación que es importante, no determinante. Va de la mano de los valores que hay dentro de los barrios para destacar y que no es lo que se comunica generalmente. La diversidad cultural de los barrios genera riqueza musical, riqueza culinaria y una cultura de la solidaridad que no se ve en otros lados. La revista Villas va en línea la idea de poder comunicar, sorprender a la gente con lo que pasa acá en Carcova.

SAMIR PALAYA Y MARU FURMENTO: “Síntesis perfecta entre mi fe, mi trabajo, mis ideales…”

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Samir Palaia y Mariana Furmento (Maru) trabajan juntos en el centro de día para jóvenes de la Medalla Milagrosa. El centro ofrece talleres deportivos, recreativos, musicales y algo de murga. Lo ven como una buena alternativa para la prevención de los pibes que están más al margen, en lugares más vulnerables y no pueden entrar a otros espacios de la parroquia como los grupos juveniles, catequesis o expedicionarios. “Nos dimos cuenta que habían pibes que arrancaban en espacios parroquiales y se caían, dejaban porque no los podían sostener, la parroquia, sin querer expulsarlos no los estaba alojando” explica Maru.

Samir tiene 26 años, nació en Chaco pero vive en Buenos Aires hace varios años. Fue seminarista y esto le dio la oportunidad de vivir con Pepe un año en Santiago del Estero. Actualmente, está casado con una mujer que lo banca mucho tanto en su laburo como en la carrera que estudia hace tres años, Trabajo Social. Maru tiene 29 años, estudió el seminario de catequesis y la Licenciatura en Trabajo Social, de la última carrera se recibió mientras laburaba en La Cárcova.

¿Cómo fue su llegada a La Cárcova?

MARU: Yo llegue acá por Samir y por el Padre Pepe, no elegí venir a Carcova pero si elegí quedarme. A Pepe y a Samir los conocí en Santiago del Estero. En el 2013 Pepe estaba arrancando en La Cárcova y me llamó Samir avisándome que Pepe estaba buscando una trabajadora social para organizar Caritas parroquial. En ese entonces ni siquiera era parroquia, era esta capilla (El Milagro), Solano, itati y estaba empezando 13 de Julio. Esa fue mi primera vez y me quedé.

¿Qué te impulsó a quedarte?

MARU: Por un lado, me paso que busqué mucho tiempo laburar en territorio, en los barrios. Quería meterme a laburar desde el trabajo social. La verdad es que de los espacios que había conocido y me había acercado, en ninguno me terminaba de sentir demasiado cómoda.

También hice prácticas sociales en territorio desde espacios de militancia pero nunca me lograba hallar, me seguía quedando con gusto a poco. No hablo desde lo religioso sino desde la coherencia del trabajo. Acá se hace lo que se dice y se dice lo que se hace, no se da mucha más vuelta y esto no pasa en cualquier lado. Para mí el trabajo de la Iglesia en territorio, como el que hacen los curas villeros, es el trabajo de más coherencia social que conocí hasta ahora y da mucho margen para hacer de todo.

Esto me generaba ganas de seguir, lo que se hace desde la Iglesia es integral. Entra la niñez, la adolescencia, la tercera edad, la problemática de género, la salud, el acceso a la justicia. Son pocos los espacios que permiten hacer todo ese trabajo integrado, en conjunto y en territorio, con la comunidad de laburo que tenemos nosotros. También tiene una cuota complementaria de esto de la coherencia, de que yo acá me puedo sentir cómoda en mis ideales, en mis creencias. Es la síntesis perfecta entre mi fe, mi trabajo, mis ideales y lo que quiero hacer.

SAMIR: Yo llegué acá cuando vino Pepe, estoy desde el principio, desde el 2013. A Pepe lo conocí cuando laburaba en la villa 21 y cuando se fue a Santiago del Estero lo acompañé durante un año. Al año siguiente, me vine a laburar acá a Buenos Aires donde Maru me consiguió mi primer trabajo como catequista en un colegio. Pero me costó encontrar mi lugar para trabajar. Busqué en distintos espacios, dentro y fuera de la Iglesia, en espacios políticos. Conocí gente excelente pero no me convencía, me faltaba la capacidad de respuesta, de resolver los problemas de la gente. Tenía que dar mucha vuelta para poder resolver algo.

En 2013 Pepe volvió de Santiago y yo ya estaba de novio con mi actual esposa. Fue muy lindo porque nos convocó a trabajar con él. Empezamos con algunos de los que están hoy acá a soñar lo que teníamos que hacer. Con esto terminé de cerrar mi proceso vocacional y me decidí empezar a estudiar Trabajo Social. Me di cuenta qué es lo que me gusta hacer, es donde me gusta estar.

Lo mismo que decía Maru, creo que uno elige estar acá porque lo hace feliz. A mí me hace muy feliz. Durante mucho tiempo lo hice como un voluntariado, como un servicio a Dios o a la comunidad, como una búsqueda religiosa. Hoy gracias a Dios soy un trabajador, trabajo acá y soy muy feliz trabajando acá, más que en otro lugar.

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¿Qué tiene especial este trabajo?

SAMIR: no es solamente el hecho de trabajar en una parroquia, porque no me siento cómodo en otros espacios de Iglesia, me siento cómodo en esta Iglesia, en esta parroquia, en esta comunidad.

MARU: No es fácil encontrar un lugar como este donde se dice lo que se hace y se hace lo que se dice. Cuando llegué acá, estaba subiendo con Pepe por Central y me dice ´esa es la casa que quiero comprar para hacer la capilla´ yo pensé está loco este cura. Cuando volví, 25 días más tarde, ya habían comprado el terreno para hacer la Iglesia. Es así Pepe pero es así en todo, es así la parroquia.

SAMIR: Es muy cercano para la gente del barrio pero también es muy cercano para los que venimos de afuera. Nosotros venimos a veces a misa acá. Yo con mi señora me siento parte de la comunidad, nos integró, nos sumó. No sabes lo bien que me hace venir, por eso lo elijo. El laburo acá no tiene techo y eso está bueno

MARU: esto es lo que pasa desde hace tres años, por ejemplo yo arranqué como la trabajadora social de caritas, me fui pasando de proyecto en proyecto hasta llegar a hoy que estoy con el centro juvenil pero mañana me tocará otra cosa.

SAMIR: podemos terminar en cualquier lugar, de cualquier manera. No estamos haciendo todo bien pero por lo menos entendemos que hay acompañamiento en distintos lugares y para los distintos momentos de la vida. Acá pasa mucha gente del barrio y nosotros seguimos estando y nos seguimos quedando. Aparte sabemos que por más que nos vayamos, alguien va a hacer lo que yo hago. Las obras trascienden a las personas que las hacen. Esto no se va a caer.

MARU: esto es lo que hace también legítimo el laburo de esta Iglesia, es una Iglesia que se queda. En los barrios es común esto de que abrir un espacio y que cierre a los tres o cuatro años, muchos procesos que arrancan quedan a medias. Mientras que acá esta como la garantía, la continuidad de la parroquia, que trasciende cualquier contexto.

¿Qué hacen y cómo surgió el grupo juvenil?

Después de tres años de funcionamiento de la parroquia, nos dimos cuenta que habían pibes que arrancaban en estos espacios y se caían, la parroquia sin querer expulsarlos no los estaba alojando. Entonces surgió la propuesta del centro juvenil.

SAMIR: Al centro juvenil vienen chicos de 12 a 16 años que tienen mucho tiempo al pedo y pocas propuestas. Estos pibes no eligen libremente estar al margen de la ley, por eso creemos que si les proponemos otra propuesta, la van a elegir. Las actividades de la parroquia son propuestas para que los chicos puedan elegir un camino distinto. Nosotros creemos y elegimos creer que los chicos pueden salir adelante, que tienen una oportunidad.

MARU: En el barrio siempre hubo propuestas para la infancia pero no para la adolescencia. El adolescente siempre quedaba en la nebulosa. Lo planteamos como una propuesta distinta a las otras del barrio, no es un grupo juvenil de fin de semana sino que es un centro para todos los días. Nosotros comemos con los chicos, hacemos actividades y merendamos, vienen de 1 a 5 de la tarde.

CON LOS CURAS DE LA VILLA

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Letra y Música de Mario Cabrera

Ya me cansé de tanto mentiroso
me hartaron los tramposos de la televisión
gasté mi cuota de vivos de corbata
batiendo la sanata del que miente mejor

Me voy al fondo más fondo de los barrios
donde es corto el salario pero es grande el amor
quiero mirarla de frente a la esperanza
y embanderar de pueblo mi viejo corazón

Es día domingo en parroquia San Juan Bosco
da misa el padre Pepe y todos llegarán
altar humilde de brazos elevados
rezando por la Patria y un mundo de igualdad

Son mis hermanos que marcan el camino
para que esta guitarra no deje de cantar
Villa Curita, Carcova, Independencia
los barrios de mi Pueblo que no podré olvidar

Por eso
me voy con los curas de la villa
la forma más sencilla de amor por los demás
me voy a rezar un Padre Nuestro
que me abra los secretos del alma popular

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