FIESTA BOLIVIANA EN VILLA LA CARCOVA

Hace 200 años Bolivia y la Argentina eran parte de la misma Nación y los delegados “altoperuanos” (procedentes del Alto Perú, lo que hoy es Bolivia) tuvieron un importante papel en el Congreso de Tucumán que declaró la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

En esa historia común se apoyan los dichos de Julian Alvarez Camacho, reconocido referente de quienes integran la nutrida comunidad boliviana que habitan en el barrio La Carcova de José Lón Suárez, quien destaca: “para mi es igual si uno es boliviano o argentino. Somos iguales, todos queremos trabajar”.

Julián tiene autoridad para decirlo dado que, desde que en 1980 se vino desde Punata (cerca de Cochabamba, en Bolivia), vivió siempre en su quiosco y verdureria al lado de la capilla del Milagro en La Carcova, trabajando ”15 o 16 horas por día” y fue testigo de los cambios que se fueron dando en el barrio desde el tiempo en que “había casas de cartón” hasta hoy, cuando “hay casas más lindas y se van mejorando las calles”.

Quienes integraboliviani-9n la comunidad boliviana de La Cárcova, la mayoría procedente de las ciudades de Oruro y Potosí, se ayudan para afrontar desafíos de construcción y mantienen buena relación con la comunidad argentina, dice Julián en cuyas palabras el trabajo es un tema recurrente. “Viendo otros trabajando, la gente también quiere mejorar”, destaca y añade que “a veces me preguntan si sé de algún trabajo y en lo que puedo, siempre busco ayudar”.

El mes de agosto fue un momento importante para Julián y sus compatriotas porque en el barrio tuvo lugar la primera “fiesta boliviana”. “Empezó todo con el padre Pepe quien me decía que fuéramos a Bolivia a traer la virgen de Copacabana” que es la advocación mariana principal de los bolivianos, cuenta Julián. “Pepe me dijo: ‘Usted se encarga de la virgen’. Y este año la trajimos”.

En sus palabras Julián expresa su afecto por el padre Pepe: “Este cura labura mucho, como este padre no hay.Hizo muchas obras, como esta que está haciendo aquí en el Milagro. Muy linda gente, muy buena persona”, dice. “El templo está siempre lleno, siempre hay gente. Antes no era así. Ahora todos los fines de semana hay casamientos, bautismos”. Se detiene un momento, como para buscar la palabra más justa y agrega: “Es conmovedor”.

La fiesta fue el 20 de agosto y fue todo un éxito. “Le gente quedó sorprendida”, recuerda Julían, “había 5 grupos de bailarinas, 4 de nuestra tradición. Los vestidos de las bailarinas, con todos sus colores, gustaron mucho. También había 20 músicos (flautas, bombos, batería, trompeta, bajo) y comida tradicional, como el picante de pollo. Muchos argentinos me felicitaron”, dice y, aunque no lo exprese, se le nota cierto orgullo.

julian-kiosco                                                                                             Julian Alvarez Camacho

Tampoco se olvida de quienes lo ayudaron en organizar la fiesta: “En el grupo de organizadores somos 8 familias. Ahora somos más, se van a sumar más”. Porque después del éxito, está claro esta fiesta no va a ser la última: “Vamos a seguir, también el padre me lo dijo. Y el día siguiente, cuando fue a Roma, le mostró al Papa  las fotos de la fiesta y nos felicitó”, dice contento.

Linda historia la de Julian Alvarez Camacho, quien llegó hace más de 30 años desde los altiplanos de Bolivia y en La Cárcova encontró su lugar. “Me siento muy, muy, muy feliz con lo que estamos estamos haciendo aquí. Con esta fiesta que me hizo recordar mis propios pagos e intentamos hacerla igual”.

Y todo lo que cuenta podría resumirse con una sola palabra, la misma que Julián usó más de una vez durante nuestra charla: es conmovedor.

Andrea Bonzo

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