Un Nobel en la villa

Que un autor presente un libro en una biblioteca es algo normal. Que lo acompañe un premio Nobel, autoridades de una universidad y un cura, es menos habitual pero posible. Pero que ese acto se haga en una villa es llamativo e infrecuente, pero no imposible.

El jueves 15 del corriente, en la Biblioteca Popular de La Carcova, cuya administración está a cargo del ya casi licenciado Waldemar Cubillas, se presentó el libro de poesías “Aguas Quemadas” de Martín Bustamante. Acompañaron al autor el Premio Nobel de literaturael sudafricano John Coetzee, que ha visitado y se ha interesado particularmente por la vida de los reclusos de la Unidad Penitenciaria Nª 48, de José León Suarez, autoridades del CUSAM (Centro Universitario San Martín, que funciona dentro del mencionado Penal) y el sacerdote José María “Pepe” Di Paola.

La historia del anfitrión vale la pena ser destacada. Waldemar comenzó a delinquir cuando tenía catorce años y a los dieciocho cayó preso y terminó en el penal de máxima seguridad de José L. Suárez. Allí comenzó a estudiar Sociología, cuando recuperó la libertad, tenía el mejor promedio de los todos los alumnos, dentro y fuera de la cárcel. Hace unos meses viajó a Roma para reunirse con el papa Francisco y contarle de su biblioteca en “su villa” (a la que se accede por la tierra, desde la cancha de futbol), para que los chicos además de drogas y armas, “tengan libros”.

La presentación se realizó en la propia cancha de futbol dado que la gran concurrencia imposibilitaba hacerlo dentro de las instalaciones de la Biblioteca, en cuya entrada se lee un cartel que reza Atenti un libro es la libertad”. En este ámbito y bajo el fuerte sol del mediodía, algunos jóvenes lucían las remeras del Hogar de Cristo de José L. Suarez (espacio de rehabilitación de adictos dependiente de la parroquia el cura Pepe), otros tenían estampada la imagen de Diego Duarte (un joven “ciruja” de la zona que fue tapado por los residuos volcados desde un camión de basura, una muerte nunca esclarecida).

Nos fuimos de la Carcova pensando que habíamos participado de un hecho mágico, reunir poetas, escritores, premios Nobel, docentes, artistas y curas, con presidiarios y villeros no parece fácil, pero en “la franja” todo  es posible. Un hecho que contrasta con las imágenes de la grieta que vivimos los argentinos y mientras que en estos días algunos avalan el linchamiento de los ladrones, otros creemos en la transformación.

Leopoldo Hernández y equipo

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