Si te quedas en el Hogar de Cristo Ganas vos y ganamos todos

En esta Navidad, no tengo más que agradecimiento con el Hogar de Cristo. Nació en nuestra comunidad de la mano de la parroquia misma.  No teníamos un lugar definido, nuestra tarea, en aquel día a día, era ver y conocer, los recovecos de los barrios más populosos del lugar, los de Cárcova e Independencia. No nos costó hacernos conocer, eran (SON) tantos los chicos con problemas de consumo que las familias nos recibían con mucho agradecimiento -de hecho todavía es así- este buen trato tiene que ver con la inmensa necesidad.

No tardamos mucho en identificar que el consumo en los barrios de la Riviera del Reconquista, no era más que el síntoma de algo mucho más profundo, que el cortar la ingesta era un mero trámite. La verdadera falta, era la falta de fe en Dios, en las instituciones, en su familia; y lo peor, en ellos y en ellas mismas. El problema que teníamos entre manos era mayormente espiritual. Estábamos frente a un dilema con valores en construcción y principios cambiantes donde lo único válido es zafar y satisfacer deseos momentáneos. El saber esperar era impensado en este espacio.

Igualmente, firmes  y diseñando paso a paso, fuimos caminando distintos lugares hasta establecernos donde hoy estamos, en Esmeralda 7020 pegadito a la estación Suarez. Son muchas las historias y anécdotas que fueron surgiendo, entre ellas la de la mamá de uno de los muchachos del Hogar. A este muchacho le gestionamos el DNI, lo anotamos en la escuela de peluquería y lo acompañamos en una causa de tenencia de armas. También formó parte del Hogar y fue a nuestra granja en  Gral. Rodríguez y nos acompañó a la playa en el verano. La mamá forma parte de grupo de familia coordinado por nuestras psicólogas y está en el programa de ayuda comunitaria recibiendo algunos beneficios de mercadería entre otras cosas.

Recuerdo que cuando fue a la comisaría a buscar a su hijo le comentó al oficial de guardia que su hijo estaba en el programa Hogar de Cristo del Padre Pepe. El oficial le respondió que en ese lugar los chicos consumían drogas…que no era bueno. Cundo la mamá me contó, me enojé bastante y fui a ver a ese oficial para que me explicara sus dichos. Claro, el oficial, no entendía nada, nada de nada, como muchos en la zona. Recién se anotició que el Hogar es un centro barrial orientado en adicciones y que los chicos que se acercan van a dejar de drogarse…..ergo, SE DROGAN.

Este pensamiento es general, hay que pensar un poco, aparte de los que se ven, son los que no pueden parar, los que dejan de consumir y están insertos socialmente no se notan, porque no hacen ruido, están preocupados por armar su nueva vida, también de la mano de la Parroquia y el Hogar, en sus centros juveniles, exploradores o escuelas de oficio.

Este pensamiento, el del oficial de la comisaria, abrió la mente del equipo y en conjunto con algunos buenos policías armamos un concepto de inclusión, los incluimos como camareros del Hogar 2 veces por semana. La cuestión es que después de unos meses el muchachito recayó en consumo y en robo también, se alejó del hogar, se sintió fuerte y se dio un porrazo.

Pobre pibe, él nos muestra que los chicos que fallan son nuestros mayores detractores, su propia frustración hace que se nos maldiga y se hable mal de nosotros, parecería injusto. Nosotros sabemos que los adictos lastiman a los que más quieren, por eso entendemos que cuanto más nos agreden más nos quieren, solo basta preguntarle a la madre de algunos de los pibes que hoy todavía consumen cómo las tratan. La reflexión es…si tratan así a su mamá que es la que les dio la vida, cómo nos maltratarán a nosotros por habérselas salvado y cambiado?

Igualmente nuestro compañerito sabe que tiene un lugar en el Hogar. Que siempre lo vamos a acompañar.

Como dije antes: estoy muy agradecido con el Hogar, este Hogar de Cristo que sin perder su identidad Católica acepta a todos por igual sin importar  credo y religión, solo vasta entrar al hogar para sentir la presencia de nuestra Madre María para abrazarnos a Cristo de su mano. Por eso, no es casualidad que la mesa de consumos problemáticos tenga sede en el Hogar, que la Sedronar nos mande chicos así también como las salitas del lugar, también nos eligen del Municipio con su plan Despegar y el Ministerio de Trabajo para dictar su escuela de oficios, tampoco es casual la cantidad de voluntarios, la cantidad de talleres, tener nuestra primaria informal, nuestra escuela de danzas folklóricas acompañando nuestras tradiciones. Y lo más importante de todo el grupo humano que componen los servidores con los chicos, el compromiso diario y mutuo.

Solo basta con contarles una historia más, hace unas semanas atrás, uno de los chicos del Hogar, estaba deprimido y como es común intentó tapar el sol con un dedo y se aferró al consumo sin entender que tenía que contar lo que le pasaba. En su derrotero delincuencial, robó un celular a una chica que estaba juntando cartones al costado de la vía. La piba asustada comenzó a correr a este pibe equivocado. Corría gritando y a su paso la gente se iba sumando a ella como para lincharlo. Así corriendo llegaron al  Hogar, el resto ya es historia.

Qué posición adoptó el Hogar y sus miembros? No ser cómplices  de su robo pero sí acompañarlo. También acompañar a la piba robada y hacerle frente al acompañamiento legal a ambos. Lo distorsionado de esta anécdota es la actitud de reproche del pibe y de la madre. En ningún momento tuvieron en cuenta la gravedad de la situación. Por eso es importante compartir algunas historias. Mientras la madre se quejaba, estábamos internando a su hermana y su hermano en sendas comunidades convenidas por la Sedronar. A veces es ingrato a veces maravilloso, es como la vida misma.

Marcos Liberatore

Fotos de Marcelo Pascual

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