Isla Martín Garcia …Y SALIMOS A CONTEMPLAR LAS ESTRELLAS

Bajo el hermoso sol de diciembre, varios niños y niñas del CAI acompañados por sus educadores y el Padre Pepe, emprendimos viaje hacia la Isla Martín García. El corazón nos latía bien fuerte porque para algunos iba a ser la primera experiencia de viaje en lancha y para otros volver a sentir en el cuerpo esa sensación de estar revisitando los hermosos brazos del Río de la Plata.
En la estación fluvial, mientras esperamos a que llegue nuestra lancha, la gente nos miraba sorprendida al vernos siempre en grupo y sonrientes. Al llegar el momento de embarcar, mientras los chicos iban subiendo acompañados por algunos adultos, los animadores junto a los cocineros nos dieron una mano muy grande a cargar con todos nuestros bolsos y provisiones para el campamento. Y ahí nomás arrancó la aventura al desamarrar la lancha que, para nuestra sorpresa, se llamaba “Francisco I”, así que no dudamos que la bendición de Dios estaba en medio de nosotros.
Al doblar la esquina de una isla, nos encontramos con el paisaje imponente de la Martín García. Los isleños nos recibieron muy amablemente y nos ayudaron con la descarga de nuestros materiales. Y fueron ellos quienes se encargaron en llevarnos todo en un camión al camping. Nosotros, caminamos mientras Paula, una de nuestras educadoras, nos iba mostrando el lugar donde pasó gran parte de su infancia.
Así pasamos tres días hermosos haciendo caminatas por la isla, conociendo parte de su historia. Visitamos la cárcel donde estuvo preso Perón y hoy es la escuela primaria. También recorrimos el Barrio Chino, donde vivían los más pobres de la isla. Conocimos sus casas y Paula nos contaba algunas de las cosas que hacían. Lo más interesante fue la visita a una avioneta caída, donde atravesamos un camino muy angosto con mucha vegetación para llegar al lugar dónde pudimos observar con detenimiento la avioneta, mientras escuchábamos la historia de porqué había caído. Un noche nos tiramos en el suelo a contemplar las estrellas. Pudimos ver varias estrellas fugaces y conocer algunas constelaciones. Junto a Mauro, conocimos varias aves autóctonas buscando información en un libro que se especializaba en eso y pudimos ver el atardecer, cuando el sol se hunde en la inmensidad del río. Justo el último día, pocos minutos antes de irnos, nos sorprendió la visita de un lagarto. Lo había buscado cada tarde pero no se dejaba ver. Los chicos, y los grandes también, vimos esa maravilla de la naturaleza.

Florencia Gomez
educadora del Centro

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