Devotos y devociones a un santo sin auréola

EL GAUCHITO GIL EN LAS VILLAS DE JOSÉ LEÓN SUÁREZ

Algunos tocan bocina al pasar frente a él en alguna ruta. Unas banderas rojas permiten divisarlo ya a lo lejos. Los más fervientes viajan a Mercedes (Corrientes) el día 8 de enero, su día. A pedir. A agradecer. A juntarse con la multitud, con los fuegos de artificio, con los músicos…El gaucho Antonio Mamerto Gil Núñez, “gauchito Gil” es una figura simpática, aunque no exenta de polémica. Hay quienes se escandalizan “porque no es un santo”, (en el sentido católico de la palabra). Hay quienes lo aman, como a un as de fútbol, una estrella del rock o un amigo del alma. Canta la hermana Patricia Atalaia en una bonita canción de su autoría: Gauchito, amigo / dejame arrimar a tu santidad / y llevame a Dios…
Hicimos una entrevista a Toribio BÁEZ (“Vilas”) y Sabrina Roldán, su mujer. Toribio fue, probablemente uno de los primeros propagadores de la Fe del Gauchito en las villas de José León SUÁREZ, a través de programas de Radio (“El Rescate”, “95.7”, “Radio Rotonda” y otras). Organizando o animando multitudinarias fiestas.
El sólo nombre del gauchito lo conmueve hasta las entrañas. Los ojos se ponen brillosos, la voz se entrecorta. Puño crispado frente al rostro, comparte con nosotros su profunda fe:

“…me preguntan si yo lo quiero al gauchito… No, no lo quiero…¡yo al gauchito lo amo!”
La fe en el Gauchito Gil es muy especial. A la 2ª semana de su programa en “Radio Sensación” de barrio UTA, se comunicó con él una señora desde el hospital “Castex”. Estaba desesperada por su hijito en estado de coma.
Le hizo llegar una cinta roja: “…Pero le recordé: primero está Dios, la Virgen…después, está el gaucho…”
El chico se curó. Tanto, que anduvo en bicicleta. Toribio nos cuenta muchas otras cosas y nos deja conocer su desvelo:
“¡Yo no voy a vivir en paz hasta ver al gauchito dentro de las iglesias!”
El gauchito llega a Buenos Aires traído por los camioneros que pasaban frente a su santuario de Mercedes, nos cuenta David CARDOZO. Otro de los pioneros del gauchito en José León SUÁREZ. David, con sus propias manos construyó la ermita que vemos en la estación de tren. Conoció al gaucho en circunstancias difíciles: una fuerte neumonía había llevado a su pequeño hijo al borde de la muerte. Los médicos no podían hacer nada. Alguien le habló del “hermano Miguel”, que vivía en villa Devoto. Allá fue. Conoció al gaucho Gil. También David se emociona. Recuerda su promesa:
“Si me ayudás a que se reponga, yo te voy a ser fiel, gauchito, hasta morir…”
Hoy, su hijo es papá: “…me hizo abuelo…”, ríe.
Nos cuenta de una señora pobre, a quién el gauchito la ayudó a conseguir una casa. Pero se apura a advertirnos que no todo fue sencillo. Un día, la Municipalidad y la Cámara de Comercio, quisieron echar abajo la ermita. Aducían que allí se juntaban ladrones y borrachos. Vinieron 4 patrulleros y 2 camiones municipales. “
“¡Sacalo!”,- le decían- “¡si te animás a sacarlo, sácalo!”- fue su respuesta
Levantaron el techo de la ermita, pero al gauchito, no lo pudieron sacar. Se juntó un montón de gente y se tuvieron que ir.
El gaucho Antonio Mamerto Gil Núñez es de esos personajes que reúnen en torno a sí historia real, mito y leyenda. Hereje o, por lo menos profano, para algunos, héroe,…santo, para otros, su mención divide aguas entre seguidores y detractores. De alguna manera, aunque en un contexto histórico, geográfico y desde una accionar totalmente diferente, nos recuerda a Santa Juana de Arco. Como sucedió con ella, la masiva piedad popular, incuestionable, que lo acompaña no parece preocuparse demasiado por la legitimidad histórica o por la confirmación documentada de su santidad.
Rafaela Gómez y Carlos Soto enriquecieron con su testimonio este pequeño relato. Ella nos reveló en primer lugar una preocupación que muchos comparten:
“…el gauchito no tiene que tomarse para mal. Algunos se ponen al lado de una imagen del gaucho y le piden para mal. Para drogarse. O para robar. Pero el gaucho no es para eso. Van a la cárcel. Dejan de creer…”
Aún los más fervientes seguidores del gauchito (o de otros santos y aún, de la Virgen María), en verdad no los adoran. Y menos, a la imagen misma. Prueba de ello es que cuando alguien, con egoísmo, destruye algunas de esas ermitas sencillas y pobres que alegran la vida de la gente, ellos con sencillez y humildad, traen una estatuilla nueva. Y eso les ayuda a seguir rezando y viviendo la comunión de los santos, vivos y muertos, que enseña el antiquísimo Credo.
Rafaela, viajó a Mercedes a “pagar” al gauchito una promesa por la curación de su nieta “semimuerta”: Una experiencia fuerte:
“…sentí como un escalofrío…y un orgullo especial de estar allí”
Carlos Soto escucha atentamente el relato de la curación de la nieta. Y nos cuenta su parte. Cantor, “chamamecero”, fue uno de los tantos músicos que animaron la última fiesta del gauchito. Es que, en “la Cárcova” el sábado siguiente al día del gaucho Gil, la parroquia “Don BOSCO” con el propio padre PEPE a la cabeza celebra su memoria.
Caminamos por último por calle Artigas. Desde av. Márquez hacia el cementerio. Pasando la calle José Ingenieros vimos, como nos habían contado, otra ermita del “Gauchito amigo”. Al preguntarle, una muchacha nos informa:
“¿Fogolín? ¡Vive allí, en la esquina!..”
Es que en los barrios pobres, la gente se conoce.
Juan Fogolín conoce al gauchito desde hace 40 años. Oriundo de Bellavista – distante 300 km de Mercedes- conoció su historia por relatos de la “correntinada”. Le contaron que era “muy milagroso” y tuvieron oportunidad de comprobarlo él y su esposa Blanca en un momento familiar muy difícil:
“…estábamos desolados. Habíamos perdido a un hijo. El número 11…”
Difícil de comprender para las sintéticas familias de la “City”, las villas están llenas de chicos que son todos, necesarios. Ninguno sobra. Todos traen alegría, inocencia, razones para vivir. Juan compró una camioneta. Todo formó parte del “milagro”. Él y Blanca con los 10 hijos fueron al gauchito. Y volvieron con el consuelo de la vida que sigue, pese a todo. Fogolín mantiene, frente a su domicilio, una de las “casitas” más históricas del Gaucho Antonio Gil en la barriada. Allí, en la fecha de la memoria, el padre PEPE celebra una misa. Con corte de calle. Con músicos. Con comida.
En las Villas de José León Suárez, el gauchito Antonio Mamerto Gil Núñez, con o sin título oficial de “Santo”, es “ciudadano amigo”.

José Miguel Altube

Servicio fotográfico de Marcelo Pascual

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