Tandil… EL VALOR DE LA COMUNIDAD

Salimos desde José León Suárez hacia la ciudad de Tandil, en la provincia de Buenos Aires, para compartir una vivencia que se reveló irrepetible. Rodeados por las sierras más antiguas del planeta, este lugar nos daba la oportunidad de realizar una experiencia de formación única para nuestros Prejuveniles. Protagonizaron esta historia jóvenes del Grupo Esperanza, de los Expedicionarios, de Fútbol y del grupo de folclore Alma y Tradición; acompañados por un grupo de adultos y voluntarios a las órdenes del padre Pepe y dispuestos a realizar un campamento inolvidable. Con ese espíritu salimos.

Una vez allí, nos instalamos en el predio de la Escuela Agraria de Tandil donde pudimos aprovechar el enorme parque que posee y las diferentes canchas de fútbol y vóley para realizar deportes y juegos de recreación. Y el campamento comenzó a tomar forma. Parecía como si los encuentros de cada sábado se hubieran multiplicado por cinco haciendo que cada día sea un nuevo capítulo de los tantos que vienen completando estos años de trabajo juntos. Por las noches, cuando bajaba un poco la temperatura, sentados en ronda, junto a la Hermana Patricia y su guitarra acompañando el compás y dándonos ese calor que la música, el canto y el baile saben dar.

Un momento muy especial fueron las misas que el Padre Pepe oficiaba allí mismo, al aire libre, invitándonos a reflexionar desde el remoto paisaje de las sierras tandilenses. Se iba haciendo de noche y las estrellas aparecían en el cielo con la Cruz del Sur dispuesta a guiar nuestros pasos. Momentos en los que podía sentirse la presencia de Dios, no sólo en la Eucaristía sino también en el silencio de oración y respeto que se vivía. Así, varios de nuestros jóvenes decidieron ratificar su compromiso cristiano y tomar la confirmación. Era la misa de cierre y ellos quisieron asumir un compromiso mayor frente a la iglesia y la comunidad y no dudaron en dar este paso.

Toda la actividad estuvo organizada desde las caminatas que realizamos a fin de poder conocer Tandil. Y las sierras se prestan para este lindo desafío. Nuestra idea no era ir a pasear o a hacer excursiones. Nos propusimos conocer todo el lugar mientras fortalecíamos nuestros lazos de amistad. Caminábamos juntos, en comunidad, para hacernos más amigos. Para demostrarnos que el cansancio individual era superado por el espíritu del conjunto. Entendimos en esas caminatas que uno se conoce mejor cuando se propone superar sus propios límites. Y que esto se podía hacer mejor todos juntos. En un momento, donde muchas veces se nos presentan y proponen pruebas individuales, nosotros quisimos superar pruebas colectivas. Vimos que nuestro cansancio no era nada comparado al espíritu grupal que nos empujaba hacia adelante. Entendimos que muchas veces, los momentos duros y difíciles de la vida se solucionan o se llevan mejor cuando estamos acompañados por nuestra comunidad. Y con este sentido hicimos cada una de las caminatas. El monte Calvario, el Cristo de las Sierras, el Centinela, la Piedra Movediza, el Parque Independencia fueron todos lugares elegidos con este propósito. Y en el medio conocimos gente como Cacha, una señora que nos invitó a almorzar en un comedor que ella tiene en Tandil y nos demostró que con trabajo y compromiso se pueden lograr las metas.

Marcelo Migliazzo

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