MARCHANDO POR LA PAZ CON PÉREZ ESQUIVEL Y PADRE PEPE

En memoria de la masacre de dos jóvenes en la villa

Al cumplirse los 6 años de la Masacre de La Cárcova hubo una nueva marcha desde la estación de José León Suárez hasta adentro del barrio, contra las vías, donde el dia 3 de febrero de 2011 la Policía Bonaerense mató a Mauricio Ramos y Franco Almirón. La marcha terminó en la Plaza de los Trabajadores, el lugar donde fueron asesinados los muchachos, y donde el premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel y el padre Pepe Di Paola plantaron un olivo por la Paz.

Con 85 años bien llevados, arrestado y torturado por los militares argentinos en 1977 y combativo como siempre, a Adolfo Pérez Esquivel la marcha por las calles estrechas y polvorientas, entre cobertizos y casas sin terminar, no lo ha dejado exhausto ni mucho menos y le queda energía para mandar un mensaje: “no dejar de sonreírle a la vida”.

¿Hay buenas razones para sonreírle a la vida?

El día que dejemos de hacerlo, querrá decir que hemos perdido la esperanza y que nos han derrotado. Fíjese bien que cuando se pierde la esperanza, también se pierde la capacidad de luchar, la convicción de que se puede cambiar una determinada situación. Para sostener el compromiso hay que tener una esperanza, un objetivo, un sentido de la vida y de la lucha. De esa manera se puede sonreír a la vida en cualquier situación, resistir, no bajar la guardia. Eso es lo que da la fuerza para seguir adelante. El que lucha por cambiar la vida no puede vivir amargado.

¿Usted cree que en Argentina está vivo ese espíritu de lucha, ese buscar el cambio?

Nos encontramos en una situación contradictoria, como es inevitable. Hubo algunas conquistas sociales, otras quedaron a mitad de camino. Muchas veces por cálculo político, por especulación, por haber eludido el deber de una edificación social, cultural y política. La democracia no es gratis, no es poner una boleta en una urna cada cuatro años, es una construcción permanente y colectiva, día a día. Democracia y derechos civiles son valores inseparables, si estos se violan, la democracia se debilita hasta que deja de serlo.

Usted nos dijo que pronto irá a dar clases en la Universidad Nacional de Ciudad de México… ¿Cuándo?

El 17 de abril estaré allí para inaugurar la cátedra de “Cultura de paz y derechos de los pueblos”, como profesor extraordinario. La violencia estructural de este país es tremenda, con enormes complicidades a nivel político. México ha perdido soberanía e identidad… Piense que “el país de los hombres y las mujeres de maíz”, con una variedad extraordinaria de este cereal, cultivado por las poblaciones indígenas desde los tiempos prehistóricos y que tiene más de 38 especies, hoy debe importar maíz transgénico de Estados Unidos para hacer la famosa tortilla mexicana, los tacos. Latinoamericanizarse le hará bien al país…

A la Argentina no le hará bien “mexicanizarse”, como denunció el Papa a la revista de nuestra villa el año pasado provocando un enorme revuelo. ¿Usted también ve ese peligro cuando visita las periferias?

Donde hay droga, hay venta. Los primeros en caer bajo los golpes de la policía son los “perejiles”, como llaman a los vendedores al menudeo. Por eso bajar la edad de la imputabilidad para los menores, como quiere hacer el gobierno, es una verdadera barbaridad. Que no resuelve nada, nada. Hay que oponerse con firmeza a esa ley. Difícilmente caen los verdaderos responsables del tráfico.

Alejandro Ledesma

Fotos de Gustavo Pantano

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