UN LUGAR DONDE SE APRENDE A NOMBRAR AL MUNDO

Centro Educativo “San Juan Bosco”

Desde el inicio de la Parroquia, una premisa que llevamos adelante fue cuidar y defender a los niños de nuestros barrios. Pensando en ellos es que se creo el Centro Educativo “San Juan Bosco”, que va generando respuestas en las distintas capillas. En estos Centros tenemos algunas opciones comunes que vamos realizando:

Aprender a nombrar al mundo: Una premisa es el fortalecimiento de las prácticas del lenguaje y el aprendizaje de las matemáticas. Nuestro trabajo no es solamente reforzar lo que la escuela enseña o recuperar lo que no se aprende en ella, sino que tiene una intencionalidad: que los niños y niñas puedan aprender a nombrar al mundo y ponerle palabras a lo que nos pasa, como también a identificar los problemas que nos impiden vivir con alegría y buscar entre todos caminos que nos lleven a superarlo que nos causa opresión. Así vamos aprendiendo a transformar todo aquellos que sabemos que nos daña y que daña a los demás.  De esta manera todos nos convertimos en educadores, desde los distintos roles que por edad o función nos toca asumir, sabiendo que en esta tarea todos somos importantes y que no hay personas desechables.

Jugar porque sí nomás: En la capilla jugamos, y en el jugar juntos recuperamos la capacidad de construir lo comunitario. El juego adelanta la posibilidad de un futuro distinto. Mediante él alteramos lo tenido como fatalmente como inmóvil. La risa, las ganas, el encuentro con otro diferente, y el hacer que nadie quede afuera se convierte en un gesto profético que incomoda a los que quieren que vivamos tristes o a merced de ellos. Porque una regla de nuestro jugar es que lo hacemos juntos, donde todos ganamos y donde aprendemos a hacerlo con el otro y no contra el otro. Así el juego también se convierte en el estilo de vida que queremos en el barrio.

El arte como lenguaje encantador: Pintar el lugar donde vivimos y en ese ejercicio describir el lugar donde merecemos vivir, sólo es posible mediante un lenguaje que no haya sido impuesto por los que viven a costa del sufrimiento de los demás. Una hoja en blanco se va poblando de colores que forman símbolos y que ponen al descubierto un deseo: la soberanía de la vida y la denuncia a quienes atentan contra ella. Pintar, dibujar, crear, muestran que la poesía también habita aquí en nuestros barrios, y que la vida resiste frente a tanta muerte impuesta. Los colores se mezclan y forman “cosas lindas”. Una simple lección para una sociedad que divide, que separa, que discrimina y que esclaviza.

La fiesta, un lugar de encuentro: La preparación para los festejos de los cumpleaños o la muestra anual son una postal distinta a los que los medios muchas veces muestran de nuestros niños y niñas: la capilla se convierte en un hábitat propicio para el encuentro y las sonrisas, donde “la baja de imputabilidad” suena a insulto sobre esas vidas amenazadas. La fiesta anticipa también el futuro que soñamos y muestra el presente que queremos: Todo es lindo porque así merece serlo. En estos momentos se multiplican los alimentos para saciar el hambre y se multiplican  los abrazos para cuidar la vida. Los colores, la música, la danza y la fiesta hablan por sí mismos y nos cuentan lo que es posible lograr cuando se cree en las personas y cuando la fe se vive comunitariamente.

Pablo Rozen y Andrea Martínez

Foto de Marcelo Pascual

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