COSER EL MUNDO PARA HACERLO MEJOR

Angelita García está dedicada al mundo de la costura y el diseño. Aprendió a coser, tejer y bordar en el colegio con las monjas franciscanas. Desde entonces, no se dio un descanso. Actualmente, está a cargo de los cursos de costura en la Parroquia, pero también se ocupa de un proyecto sustentable de reciclado con bolsas de arpillera plástica y de semillas de la agroindustria.

Con una notable trayectoria en el rubro de las manualidades, en 2003 ya tenía su propia escuela de indumentaria en el colegio Mariano Moreno y en los 10 años que estuvo funcionando, tuvo 17 mil alumnos. Luego tuvo que cerrarla. Y así fue que conoció al Padre Pepe. “Cuando cerré la escuela, tenía mesas y pupitres que ya no iba a usar. Un día cargué todo en un camión y se lo mandé”. Además, el padre había visto lo que ella hacía con las bolsas y le había insistido con que “tenía que enseñar eso en el barrio”. Hasta que, a mediados de mayo de este año, con algunas máquinas de coser propias y otras prestadas, armaron el taller en la Parroquia.

 

Sus alumnos trabajan con costuras básicas, arreglo de prendas y el armado de algunos elementos prácticos como cartucheras. También están trabajando con banners. Sin embargo, la sencillez no quita la perfección. “Coser es un proceso, hay que ser prolijo. No me interesa que lo hagan así nomás”, declara Angelita.

Los alumnos cuentan, además, con un taller de serigrafía para aprender a estampar. Angelita dice que aparte de enseñarles el oficio, siempre busca incentivarlos: “el saber los hace fuertes, aprendan. Todo suma”. Ella hace hincapié en la perseverancia de empezar de a poco y sostener los que se inicia. Agrega, “quizás no sean diseñadores de alta costura, pero van a ser buenos en lo que hagan. Coser les da la posibilidad de lucirse de inmediato en cualquier lugar del mundo”.

Hace poco, se le ocurrió invitar a especialistas en el área de indumentaria para ir cambiando la dinámica clase a clase. “Es un atractivo, los alumnos se entusiasman”, confiesa Angelita. Además, cuenta que, como el aula es compartida, deben armarla y desarmarla todos los miércoles. Cuando ella llega, ya están todas las mesas puestas y los alumnos la están esperando para sacar las máquinas de coser del armario.

Angelita dice que lo que más la enorgullece es lo que se lleva a su casa luego de cada clase: la sonrisa de cada uno de sus alumnos. “Disfruto que aprendan a hacer, a compartir, a trabajar en equipo y que valoren el lugar desde este pequeño espacio”. Ella cuenta que su padre fue periodista y tuvo estrecha relación con los curas tercermundistas y añade, “lo llevo en los genes, la gente tiene que tener oportunidades. Por eso creo, admiro y enseño el oficio y el trabajo”.

Catalina Parpaglioni

Los talleres de costura en la Capilla del Milagro están a cargo de Angelita García y se dictan todos los miércoles de 10 a 12:30 y de 14 a 15:30. El primer turno es para mujeres y el segundo para un grupo de chicos del Hogar de Cristo.

 

 

 

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