DON BOSCO SE MULTIPLICA EN 9

La parroquia villera

El miércoles 29 de setiembre, en el estudio de la radio “Cristo de los Villeros” montado en una de las aulas de la escuela de oficios que funciona en la parroquia San Juan Bosco, el padre José María “Pepe” Di Paola respondió a las preguntas de Alver Metalli y Victor Lapegna acerca del amplio, hondo y diferenciado despliegue que tiene la misión pastoral que él encabeza y conduce desde esta parroquia y que multiplica la presencia de la Iglesia católica en las villas de José León Suárez (Partido de San Martín, Provincia de Buenos Aires). Lo que sigue es la transcripción de ese reportaje.

Cuando llegaste aquí hace cuatro años, ¿Cuántas capillas había?

Padre Pepe: De todo lo que atendemos hoy día estaba la capilla del Milagro en La Carcova. También estaban la Medalla Milagrosa, la capilla de Itatí (que es hoy nuestra guardería) y la capilla de Solano. En el comienzo era misión y ahora es parroquia y misión. En este tiempo arreglamos e hicimos más grandes a las capillas que estaban. Por ejemplo, la capilla de Solano no se podía utilizar porque se inundaba. El piso tenía casi 1,5 metros menos de lo que tiene ahora y el agua desbordaba la calle e inundaba todo. Así que muchas actividades no podíamos hacer y ese espacio estaba siempre invadido, intrusado, vandalizado. Por eso ese proyecto empieza en la vereda, como diciendo que todo ese proyecto es bien de la Iglesia que lo que hizo es defender ese lugar ya que la capilla de Solano estaba prácticamente perdida. Una participación central fue la del grupo de mujeres que, a pesar de todas las dificultades, siempre estuvieron ahí presentes. Ese grupo sostuvo el lugar y yo cuando pude, con fondos que conseguimos de la Conferencia Episcopal Italiana, empezamos a hacer el proyecto. Después, en la capilla de Itatí siempre teníamos problemas porque ahí funciona la guardería y la capilla, que tiene mucho tiempo de existencia y mucho movimiento, necesitaba otro espacio más. Entonces hicimos el Santuario de Itatí en un lugar que para nosotros es estratégico porque está en la manzana donde están el Centro de Salud, las escuelas (la N° 33 y la secundaria) y un pequeño club. Faltaba la Iglesia y hablamos con Adrián Guevara, que es un viejo prócer de la zona quien quería hacer un templo católico en esa manzana. Tiempo atrás, cuando lo propuso, le habían dicho que no y por eso para él fue una alegría que después de mucho tiempo hiciéramos así ese Santuario. Y la misma gente que lo hizo es de Itatí, por lo que es una suerte de prolongación de la capilla de Itatí y por eso se fue a buscar a Corrientes una imagen de esa advocación de la Virgen. La guardería de Itatí ahora depende del Municipio de San Martín porque los franciscanos no la atienden más, pero nosotros conservamos ese predio como lugar de culto y también para hacer actividades de diverso tipo (talleres, apoyo escolar, etc.). En la capilla de 13 de Julio empezamos bien, pero después no pudimos seguir porque vino otro sacerdote y la idea era que viviera ahí para atender esa zona (13 de Julio, Curita e Independencia) y el otro quedara en Carcova. Pero este sacerdote no se quedó, se fue nuevamente a Córdoba y entonces resultó difícil mantener la presencia en los dos lugares. Pero la capilla de Itatí de 9 de Julio ahora la vamos a hacer grande, con materiales, con salones para que pueda tener las mismas actividades que tienen las otras capillas. Y en Carcova, que es un barrio tan grande y diverso, está el Alto de Carcova donde tenemos el Milagro, una capilla que cuando llegué me llamó la atención por lo grande que era y un franciscano de los que estaban me decía: “porque no construís habitaciones, aprovechando lo grande que es el espacio techado”. Pero ese lugar grande y techado yo siempre lo vi como un ámbito capaz de reunir a mucha gente. De hecho hoy, cuando llueve o hay mucho sol, lo podemos utilizar. Y también se lo puede usar para la práctica del deporte para lo cual cortamos parte de lo que era el presbiterio y de lo que era el coro, porque no tenía sentido esos espacios perdidos. Viene mucha gente y ahora estamos transformando en pequeña capilla lo que es una especie de oratorio permanente, donde está la pequeña gruta de Lourdes. Eso va a ser un lugar de oración diaria, con puerta y todo para que la gente pueda entrar a rezar en forma permanente. También se construyó la sede de la escuela de oficios Monseñor Romero, mediante convenio con el gobierno nacional en un proyecto que arrancó en la época en que el ministro de Educación era Sileoni y continúa ahora, donde hay varios emprendimientos en marcha, sobre todo educativos. En Alto la Carcova tenemos también la capilla Sagrado Corazón, que está frente al amplio terreno libre de la CIMET y ahí funcionan varias actividades (comedor, etc.) pero por estar en esa ubicación es sobre todo el centro deportivo y todos los días los chicos hacen ahí deportes con Dracu, Paola, Blanca. En el bajo de la Carcova tenemos la presencia de Luján que es la sede original de la parroquia, hecha desde cero, con vivienda y una actividad fuerte infantil y que ahora es sede de la Renovación Carismática católica. En la otra punta del bajo de la Carcova está la capilla de Caacupé, en la que llaman “cancha de los bolivianos” aunque fue la colectividad paraguaya la que hizo la capilla. Enfrente del zanjón está la Medalla Milagrosa, que es una capilla de base sólida, con un techo alto y de cemento que permitirían construir arriba el día de mañana más salones y al lado tenemos la Casa Madre Teresa que es donde viven los adolescentes y jóvenes que se están recuperando de la droga y buscan construir su proyecto de vida.

¿A qué obedece esta multiplicación de capillas? Porqué es un fenómeno que se da en todas las villas. En la villa 21, donde estuviste, ahora hay 16 capillas. En la 31 hay 5…

Padre Pepe: Por un lado, donde hay paraguayos siempre hay muchas capillas y eso pasa en la 21. Pero creo que es una buena estrategia porque permite que la Iglesia esté cerca de la gente. Por ahí cada capilla no puede tener el movimiento que genera la que es más central, pero la cercanía de la capilla permite generar vínculos más amplios y también que la gente tenga un lugar para el culto religioso que esté cercano a su casa. Lo que pasó en muchas localidades es que la parroquia está en el centro y los barrios crecieron, con lo que la parroquia les quedó lejos, como pasa en José León Suárez y muchos otros lugares. Tener capillas en distintos puntos coloca a la Iglesia más cerca. Si no, van a encontrar iglesias evangélicas que es lo que pasa y mucha gente, aunque sea católica, encuentra que se canta y se reza y termina yendo ahí.

¿Es la gente la que quiere tener la capilla?

Padre Pepe: Se dan las dos cosas. Muchas de las capillas surgieron por la devoción de la gente. Otras por la necesidad dada por la extensión del territorio a cubrir con la misión evangelizadora. Por ejemplo, aquí en Carcova el centro de salud era la capilla del Rosario, la única capilla que había en el centro de la villa y que terminó convertida en el centro de salud. Por eso yo me vi obligado a comprar una casa para hacer la primera capilla dentro de la villa, que vino a reemplazar a la que existía antes y había dejado de existir. Por tanto la capilla puede que surja de la gente. Caacupé, la que está en la canchita, es un caso. La misma gente fue la que quiso hacerla o 13 de julio mismo. O puede ser que uno ve que el lugar hay que fortalecerlo como el caso de Solano, donde la gente quería que la capilla existiera y le dimos mucha más forma ya que no tiene sólo la capilla, sino también centro educativo, salones, cancha de fútbol y queremos más. Pero hay algunas donde la gente quiere que esté y otras que están donde uno sabe que hay mucha gente y la distancia demanda que haya una. Por ejemplo, el Sagrado Corazón nos permite crear todo un centro deportivo grande.

A partir de ser lugar de culto en algún ámbito, pareciera que en la capilla se desencadenan una serie de actividades.

Padre Pepe: Si, van tomando formas variadas. Incluso lugares que no son capillas, como por ejemplo El Tropezón, la sede actual de la Murga Los Elegantes de don Bosco. Son lugares donde hay una presencia religiosa y le sigue una actividad que les es propia. Hay otros donde se parte de la actividad propia y sigue lo religioso. En uno y otro caso el culto o la adoración están muy ligados con actividades comunitarias muy variadas.

Llama la atención que en la parroquia hay de todo. Misa, los grupos parroquiales que colaboran, los catecumenales, la renovación carismática. Opus Dei, las hermanas de diferentes órdenes. Así que, en este sentido es una parroquia pluralista u pareciera que esto vos lo valorás mucho, no cerrás la puerta a nadie y todas las colaboraciones son bienvenidas.

Padre Pepe: Yo creo que la parroquia de la villa debe caracterizarse por la participación de la gente del barrio. Por eso el eje del trabajo que tenemos los curas villeros es vivir en la villa y aceptar su cultura. Después es interesante como un montón de gente se va metiendo en este proyecto, empieza a conocer a la gente de la villa, la gente de la villa va conociendo a esa gente que viene desde distintos lados, es de diferentes clases sociales y nosotros estamos abiertos a la gente de cualquier grupo o sola que viene acá a compartir la vida y la fe con la gente del barrio. Eso se nota muy claro en el grupo de hombres, con los jóvenes, los apoyos escolares, los docentes, en la gente que colabora en la construcción de algo porque les parece interesante el proyecto que tenemos, etc. Entonces hay gente que puede pensar muy diferente pero que quiere compartir la vida y la fe con los vecinos del barrio y acepta el lema de nuestra parroquia: “Orar, trabajar y callar”.

Esa participación en la vida parroquial de gente que no vive en la villa, ¿No es también un modo humano, concreto y fraterno de realizar la propuesta de los curas villeros que busca integrar a la villa con el resto de la ciudad?

Padre Pepe: Nosotros siempre pusimos eso como un ejemplo y decíamos como le cambiaba la vida y la perspectiva a mucha gente que venía a ayudar, a misionar dando apoyo escolar o haciendo otra actividad, a la cual esa experiencia la llevaba a asumir una idea real de lo que es la villa y no una idea prejuiciosa como la que puede generar un programa de televisión. Por eso esta integración nos parece muy buena, muy interesante y es tal vez uno de los aportes fuertes que hicimos los curas villeros en estos últimos 10 años, ya que fue en 2007 cuando hicimos nuestro documento sobre integración urbana.

Querríamos que nos menciones algunas de las diversas realidades eclesiales externas que participan en la parroquia San Juan Bosco.

Padre Pepe: Está la congregación de Santa Marta, hermanas que la mayoría de ellas son chilenas y las hermanas de la Preciosísima Sangre que tienen una presencia estable. Después está la hermana Sandra que atiende el Sagrado Corazón. Hay laicas consagradas como el caso de Karina en 13 de Julio. Tenemos grupos y movimientos en las distintas capillas que hacen apoyo escolar o son líderes juveniles. Y ahora tenemos el grupo de la Renovación Carismática Católica con los que se produjo un encuentro muy especial porque ellos me invitaron a dar un testimonio en una reunión masiva que tuvieron en el Luna Park, que estaba lleno y ahí hicieron una colecta con la que donaron 230 mil pesos de aquel momento a nuestra parroquia y ese fue el primer dinero con el que decidí construir cinco habitaciones más para los chicos que se están recuperando de la droga y una batería de baños para la casita. Pero yo no sabía que iban a hacernos esa donación y lo que más me interesaba era que ellos vinieran a participar de nuestra parroquia porque su espiritualidad es un modo de vincularse con la fe que a la gente de aquí creo que le va a llegar mucho. Ahora están trabajando en la zona de Carcova donde pusimos las misas carismáticas los sábados a la tarde, un grupo de oración y alanzas y también van a hacer sus Seminarios de Vida. Creo que va a ser muy importante porque mucha gente de nuestros barrios se siente expresada y contenida en el modo en que la Renovación Carismática expresa la fe católica, que se entronca con la religiosidad popular de los humildes.

A propósito de la religiosidad popular, aquí en las capillas se da la presencia de imágenes de santos reconocidos y no reconocidos como tales por la Iglesia católica.

Padre Pepe: Sí y en especial el Gauchito Antonio Gil. Sucede que cuando yo llegué acá en el año 2013, el único signo religioso a nivel popular con el que me encontré fue el Gauchito Gil. Entonces lo que hice fue tomar la imagen del Gauchito Gil que es la forma que aquí asume la religiosidad popular e incorporarlo a la vida de la parroquia. De hecho, fuimos al santuario de Mercedes (Corrientes) a buscar la Cruz del Gauchito y la pusimos en Luján que es nuestra sede parroquial. Así la gente que venera al Gauchito Gil pudo volver a sentirse católica, porque hasta entonces eran católicos pero sentían que la Iglesia no valoraba su veneración. Con esa actitud que tomamos nosotros de respetar y reconocer las expresiones de la fe popular pudimos integrar a mucha gente a la vida de la Iglesia en nuestra parroquia. Va en el mismo sentido la incorporación a nuestra vida parroquial de los carismáticos católicos que, a través de alabanzas, cantos y manifestaciones espontáneas a las que no estamos habituados en la liturgia habitual, ofrecen un modo de vivir la fe que sintoniza con el de muchos de las vecinas y vecinos de nuestros barrios.

Hay una expresión del papa Francisco que describe a la parroquia como un “hospital de campaña” a la que, según pudimos investigar usó por primera vez en el largo y meduloso reportaje que el padre Antonio Spadaro S. J. le hizo al Sumo Pontífice y que se publicó en la revista jesuita “Civilta Cattolica” en setiembre de 2013. ¿Crees que esa es una imagen apropiada para describir la realidad parroquial que te toca vivir?

Padre Pepe: Es esa una imagen muy clara de lo que tiene que ser una parroquia que responde a los problemas y las realidades de ese lugar. Si estás en una batalla y hay un hospital recoges a todos los heridos, desde el que tiene gripe al que le pegaron un tiro, no es que trabajas con algunos y con otros no. Aquí es lo mismo y el hospital de campaña yo lo veo reflejado en la parroquia, por ejemplo, en el hecho que se atiende tanto al niño que asiste al catecismo como al joven que se droga, atiende a quienes vienen habitualmente a misa y al devoto del Gauchito Gil que no viene tanto a misa, a los dos por igual. Escuchamos al que está bien y visitamos al que está enfermo. Es un lugar donde nadie queda afuera, todos son atendidos. Por eso buscamos que la parroquia esté en medio de la vida de la gente. Porque un hospital de campaña está situado en el campo de batalla, en un lugar estratégico para salvar vidas, para cuidar a la gente. Si se trata de enfermedades con mayor complejidad, a ese enfermo se lo traslada a un centro de derivación con un helicóptero para que lo atiendan. Un hospital de campaña debe resolver todos los problemas que están ahí y ese es el cambio real de la parroquia que quiere Francisco y que tiene que darse. Hay muchas parroquias tradicionales de Buenos Aires que cumplían esa función, pero en algunos casos eso se fue perdiendo. Tenían el cine, el deporte y los campamentos para los chicos. Tenemos ejemplos muy interesantes de la historia argentina que no se han escrito. Hay parroquias que marcaron la historia de una localidad o de un barrio. Los salesianos de Don Bosco en Ramos Mejía y otros lugares. En Capital están, entre otros, los casos de las parroquias de San Cristóbal, Santa Rosa en Belgrano y Pasco, Balvanera. Me decían que en la parroquia del Tránsito en Perón y Gallo, que hoy es una parroquia muy perdida, había un cura que organizaba campeonatos de tango en un teatro. Cuando cada uno asume toda la realidad que tiene, se cumple eso que dice el papa de la parroquia como hospital de campaña.

Hay otra imagen que usa el papa Francisco que se ajusta a la experiencia que llevan a cabo vos y el resto de los curas villeros, que es esa de “pastores con olor a oveja”. Es decir, sacerdotes que viven en cercanía con sus feligreses y no aislados de ellos. ¿En qué medida esa cercanía con la vida de los fieles enriquece la experiencia pastoral y en qué medida la limita?

Padre Pepe: Yo creo que es la única forma de poder trabajar. Si no, nunca llegas a conocer la realidad. Es cierto que hay instancias que permiten que haya una realidad más objetiva. Pero ese vínculo que quiere Bergoglio es el que se debe dar en cualquier parroquia. Porque un cura puede conocer la vida de las villas a través de cursos, o de la experiencia que pueden dar otros sacerdotes o de videos hechos por los medios. Pero lo que te va a marcar es el vínculo que tengas con la gente real y concreta, lo que te permite inclusive ver las diferencias que hay entre la gente, entre las distintas villas y al interior de cada una de las villas. La villa 21 es una realidad, esta es otra, la 1-11-14 es otra y así todas. Entonces no puede decirse que todas las villas son iguales. Hay cosas comunes y particularidades que sólo podes conocer y valorar viviendo ahí, en contacto directo con la gente.

Llama también la atención la sacramentalidad que se vive en las capillas que se refleja en que en ellas la impartición de los sacramentos (bautismos, confirmaciones, matrimonios) registra un aumento exponencial.

Padre Pepe: En ese sentido las dos experiencias de villas que yo tengo son claras. En la villa 21 me acuerdo que hicimos un cuadro de 1997 y 1998 en el que se registraba la cantidad de todos los sacramentos que dábamos antes y después que viniera la Virgen de Caacupé y hubo un aumento notable. Hay que tener en cuenta que los paraguayos son personas muy católicas y entonces es fácil la transmisión de la fe y lo que faltaba era que hubiera alguien que impartiera los sacramentos sin demasiados requisitos, que era nuestro pensamiento que era compartido por monseñor Bergoglio y es compartido por el papa Francisco. Ahí era donde la cadena de transmisión de la fe estaba medio floja y en algunos lados se ha cortado, sin embargo nosotros tenemos un crecimiento muy grande en la cantidad de bautismos, de comuniones y de confirmaciones. En algún momento creo que en la diócesis llegamos a ser, después de Lourdes, la parroquia que más bautizó. Los números eran muy grandes acá con las capillas y es algo que no se daba antes que extendiéramos nuestra presencia.

Algún recuerdo o anécdota fuerte de alguna capilla que recuerdes así, sin reflexionar demasiado.

Padre Pepe: Me acuerdo que en la capilla de Solano tuvo que dar la comunión al aire libre porque, pese a que la gente buscaba cuidarlo, el local estaba roto, destruido y el programa que me habían hecho para mejorarlo era muy malo. Lo cierto es que ese día se largó una tormenta bárbara y la primera comunión duró 10 minutos. Yo ya tenía las hostias consagradas y se las di a los pibes que habían venido vestiditos para la ceremonia. Entendí ese episodio como un signo que eso así se tenía que terminar. Ahí cortamos con los que habían estado queriendo dar una mano y siempre fue un fiasco y empezamos a trabajar con el proyecto de la capilla que estamos llevando a cabo. Otra anécdota se dio acá, en la parroquia del Milagro un día que estábamos comiendo en uno de los tres saloncitos que teníamos y propuse que midiéramos el terreno porque me parecía que era más grande que lo que pensábamos. Entonces salimos a contar en pasos cuantos metros tenía y yo me pregunté y les pregunté a los dos o tres que estaban conmigo: ¿Acá no entra una escuela? Y les dije que quería construir una escuela de oficios y salones, porque no teníamos nada. Un poco fue tomado a la risa. Pero a los 15 días vino a comer el ministro de Educación Sileoni y les dije que teníamos ese proyecto y me dice “Acá en Carcova no hay nada. Bueno, démosle para adelante”. Es un ejemplo ilustrativo de que los sueños se pueden realizar cuando encontrás gente de buena voluntad dispuesta a ayudar a que así sea.

Y San Juan Bosco es una parroquia multiétnica…

Padre Pepe: Sí eso también. Por ejemplo, los paraguayos hicieron su capilla. Entre los bolivianos me llamaba la atención que la única iglesia que había era evangelista. Entonces le pedí al padre Eduardo (Drabble) que está en San Cayetano de Liniers donde hay una importante comunidad boliviana, que nos buscara una imagen de la Virgen de Copacabana, que es la principal advocación mariana de Bolivia. Una familia la consiguió y mediante monseñor Pedro Olmedo, que es el prelado de Humahuaca, la imagen llegó a San Cayetano y ahí la fui a buscar, la entronizamos aquí y se la entregue a la comunidad boliviana con la que empezamos a hacer la primera fiesta, después vino la segunda y ya se está preparando la tercera. Ahí nos dimos cuenta que había un montón de católicos bolivianos que se sintieron contenidos y convocados con la imagen de la Virgen de Copacabana. Por eso la parroquia debe ser multifacética. Y son hombres y mujeres del barrio los que, vestidos con sus trajes típicos, hacen sus bailes y participan de las fiestas parroquiales para lo cual trabajan durante meses en preparar las ropas y ensayar los pasos.

Vos decís que tu plan pastoral es a 10 años ¿Tenés en la cabeza el cronograma de esos 10 años? Otra pregunta es si no te sentís superado siendo el único sacerdote a cargo de una parroquia con el despliegue que tiene esta de San Juan Bosco.

Padre Pepe: Lo de los 10 años y el cronograma apunta a que la gente no piense que esto es soplar y hacer botellas. El abandono de la Iglesia católica en estos territorios es de hace mucho tiempo y eso permite entender la presencia de iglesias evangélicas y umbandas. Entonces nosotros tenemos que estar construyendo las cosas a largo plazo y el que piensa que porque pusimos una capilla o una cruz está todo arreglado, se equivoca y mucho. Acá la cosa es a largo plazo y cada capilla va creciendo a pasos diferentes, pero todos van creciendo y en todos los lugares del barrio hay una presencia católica que tiene que ir fortaleciéndose más. En cuanto a la otra pregunta, acá tendría que haber otro sacerdote más. Pero a lo que te obliga este trabajo siendo un solo cura es a tener un equipo de laicos muy grande y acá los roles de los laicos y su participación en la toma de decisiones son más fuertes que en otros lados. Si te poner a pensar la mayoría de las cosas están en manos de laicos o religiosas. Por ejemplo, la hermana Patricia maneja el grupo de mujeres y la catequesis, las hermanas de Santa Marta manejan la capilla aquella, Pachi expedicionarios, Juan la parte social o Caritas. Sabes que tenés que trabajar de esa manera porque no te queda otra, no somos un grupo de consagrados como pasaba antes. Antes tal vez era más fácil, pero no dejó de ser un problema porque en muchos lados no dejó cuadros formados. Acá yo a veces tengo que irme y las cosas siguen funcionando, salvo lo muy específico que es propio de los que estamos consagrados. Sí les recalco a todos que cada uno debe hacer lo que le corresponde porque si no se funciona así la organización se pierde y la organización vence al tiempo.

Alver Metalli y Victor Lapegna

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