HE AQUÍ EL HOSPITAL DE CAMPAÑA QUE PIDE EL PAPA FRANCISCO

Nuestra Señora del Milagro

Estoy parado en el medio del patio de la Capilla, cierro los ojos y me remonto 4 años atrás. Mentalmente voy repasando cada lugar, tal como eran en ese entonces. La oficina del padre Pepe justo al entrar, los piletones enfrente, 2 baños muy precarios, el comedor con la cocina conectada por un pasillito donde se guardaba toda la vajilla, las aulas en la parte de atrás y el patio, justamente donde me encuentro. Abro los ojos y lo veo a Loro (nuestro querido “Master Chef” y profe de Gastronomía), le cuento todo lo que estaba guardado en la memoria (como dice la canción de León Gieco) y redobla la apuesta:

“¿Te acordás de ese pedazo de tierra que estaba en ese rincón, donde hacíamos los asados?”.

Automáticamente la imagen tomó forma, como si fuera una aparición milagrosa. Allí estaba la parrilla, los hierros sueltos, las piedras y otros chirimbolos inservibles.

“¡Gracias por recordármelo Loro! Mirá lo que es esto ahora, parece increíble” le respondo.

Fueron 4 años, para algunos puede ser poco y para otros mucho tiempo. Para mí, desde lo personal, han sido (y son) momentos de muchísima felicidad los vividos semana a semana.

Siempre digo que es una bendición tener un cura como el padre Pepe, porque nos da la oportunidad de ver el Evangelio hecho acción (hace lo que dice y dice lo que hace, sin versos). Esa bendición viviente, que camina los barrios con sus zapatos embarrados la mayoría de las veces, llegó con un bolsito y muchísimos proyectos en mente. Los mismos que había llevado a cabo durante años en la Villa 21 de la Ciudad de Buenos Aires.

Claro que la tarea iba a ser bastante más ardua. La “vidriera” de la Ciudad de Buenos Aires “cotiza más” que la de José León Suárez. Todo allá es más fácil y está al alcance de la mano.

Pero como él es un hombre de muchísima Fe, y al Señor hay que ayudarlo, se puso a trabajar. Primero llamó a amigos y colaboradores de antaño, luego se sumaron nuevos de cada uno de los barrios. Poquito a poco fue construyendo esta hermosa Comunidad, que más que Comunidad es una GRAN FAMILIA.

En lo que a mí respecta, recuerdo una hermosa frase que se adecua perfectamente a lo que me pasó con el Padre Pepe:

“Si querés hacer reir a Dios, contale tus planes”.

Años antes de conocerlo, Dios ya me había traído a Cárcova a través de Julia Villafañe, ex Directora del Jardín del Tren Blanco. Un día, manejando mi auto (el “Pachimóvil”, como lo llaman los pequeños Expedicionarios) prendí la radio y lo estaban entrevistando. Fue tal el magnetismo que a las pocas semanas ya estaba en la Capilla del Milagro (así es como la llamamos) para participar de la Misa (no miento si les digo que hacía décadas que no iba a una).

Volví algunas veces más hasta que un día, conversando sobre las montañas, una pasión que nos hermana con el Padre Pepe, me contó sobre los Exploradores de la Villa 21 y me dijo dos cosas que me marcaron: la primera “necesito hacer lo mismo aquí, ya que se trata de un dispositivo preventivo para que los chicos y las chicas no estén en la calle” y la segunda “esta tarea nos puede llevar 10 años como mínimo”.

¡Me impactó su honestidad brutal! En un mundo donde todo es exitismo y corto plazo, él me hablaba de un proyecto a 10 años como mínimo. Inmediatamente después me hizo la pregunta que me abrió una puerta maravillosa, tanto desde lo humano como desde lo espiritual:

“¿Te animás a hacerte cargo?”.

Allí también aprendí algo que tenemos que saber todos: viendo lo que hace el Padre Pepe por los demás, sin pedir nada a cambio, es imposible decirle que no. Así nació Expedicionarios de San Juan Bosco en su primera Capilla. La misma Capilla que cuenta con una enorme cantidad de actividades: catequesis, fútbol, centro de actividades infantiles, CILSA, Apoyo escolar, Expedicionarios, Prejuveniles, Juveniles, Grupo de Mujeres, Grupo de Hombres, Talleres, Escuela de Artes y Oficios, Escuela Secundaria para mayores de 16 años, radio por internet, asesoramiento jurídico, asistencia social y muchísimas otras cosas más.

No dudo que esto es lo que el Papa Francisco llama “hospital de campaña”. Seas niño, adolescente, joven o adulto, todos tienen propuestas sanas y positivas para hacer.

Volviendo al comienzo y para ir finalizando, como todo lo que uno ama y ya no está, llevo en mi memoria y en mi corazón esa pequeña Capilla que conocí cuando llegué. La que, como un grano de mostaza pequeño del que nace el árbol más grande, se transformó en este presente con una infraestructura inimaginable: planta baja espaciosa, primer y segundo piso. Aulas confortables y equipadas, estudio de radio, gimnasio y muy pronto cancha de vóley y de fútbol techado. Sin lugar a dudas, la Capilla Nuestra Señora del Milagro es un verdadero milagro para Cárcova y todos los que, de alguna manera u otra, se acercan a ella.

Martin “Pachi” Iglesias

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