QUE FUE DE FLORES A JOSÉ LEÓN SUÁREZ

La Medalla Milagrosa

Hace 21 años, todos los domingos Tita Elba, Cuni, Teresa, Marta, Norma e Isabel viajaban desde José León Suárez hasta el porteño barrio de Flores para acudir a la misa que se celebraba en el santuario de la Medalla Milagrosa.

Así se conocieron y coincidiendo en un sueño que unía a dos amores compartidos por las cinco, se preguntaron: “Si todos los domingos nos venimos desde Suarez a visitar a la Virgen a Capital, ¿Por qué no llevar la Medalla Milagrosa a nuestro barrio?”.

Los dos primeros pasos para hacer realidad ese sueño fueron conseguir que en el Santuario de Flores les dieran una imagen de la Medalla Milagrosa y recibir un terreno en el que levantar la capilla para entronizar aquella imagen merced a la generosa cesión del predio que les hizo el ingeniero Casas.

Después, con la ayuda de la Providencia y mucho esfuerzo de los vecinos y vecinas del barrio, ladrillo a ladrillo se construyó la capilla. Cuenta Tita: “en aquel entonces, un ladrillo equivalía a 10 centavos, entonces pedíamos a los vecinos que donaran un ladrillo o 10 centavos y así se construyó la mitad de esta capilla, la mitad de los ladrillos son gracias al esfuerzo de toda la comunidad”.

De a poco algunos vecinos se empezaron a sumar a la construcción y alcanzaron el sueño de esas 5 mujeres que quisieron que la Medalla Milagrosa habitara estas tierras de Suarez.

Hoy, la comunidad de la Capilla de la Medalla Milagrosa de José León Suarez recibe y acompaña a más de 150 niños y adolescentes de nuestros barrios y los días de semana funciona ahí el Centro Juvenil Don Bosco, destinado a adolescentes entre 11 y 17 años de Villa Carcova y Barrio Nuevo que buscan alternativas a la calle y sus riegos.

Ese Barrio Nuevo se llama así porque es un barrio que busca resignificarse, que quiere ser “novedad” y aloja a la Carcova, que queda “del otro lado del zanjón” al que los pibes cruzan con alegría para recibir todos los días un poco de entusiasmo.

Los fines de semana la capilla se abre a estos mismos pibes, para compartirles la palabra y enseñarles que en el amor de Dios, en la solidaridad y en el compromiso con la patria y con el otro, está el lugar desde donde vivir el Evangelio. Y también desde el deporte, el lugar de salud, el lugar sano que buscar re vincular con el cuerpo, templo del Espíritu Santo. Desde el deporte, la capilla de Medalla los anima a vivir sanamente.

La comunidad de Medalla puede ser un ejemplo de integración ya que es una capilla que, aunque no está dentro del mapa de las “villas” de Suarez, queda “enfrente”, muy cerca y puede ser espejo del porvenir.

Les refleja a los pibes lo que queda más allá del zanjón y todo lo que ellos, niños, adolescentes y jóvenes pueden ser, más allá de lo que otros digan. La Medalla está “del otro lado”, pero integra y siempre está mirando lo que pasa más allá.

En sus actividades (expedicionarios, catequesis, centro juvenil, deporte) busca siempre que los pibes se superen, que puedan creer que hay mucho más por descubrir de ellos mismos que todo lo que otros les dicen que “tiene que ser”.

La Medalla es esperanza, mirada a futuro, elegir correrse de lo impuesto, lo establecido, de lo que otros decidieron por vos. La Medalla quiere que todos los pibes de los barrios vengan a imaginar y realizar juntos un futuro mejor para todos.

Mariana Furmento

Facebooktwittergoogle_plusmail