Una mano en el corazón, tres dedos en el cielo

Sagrado Corazón de Jesús

[Festejamos Martes 19 de Junío]

Todos los que un día pasaron por la capilla del Sagrado Corazón de Jesús, habrán visto una gran estatua blanca de Jesús que muestra, con una mano, su gran corazón y con la otra, quiere indicar el cielo; aunque los tres dedos falten desde hace algunos años y todavía no se encontró la forma de arreglarlos. Cuando alguien pregunta sobre la imagen, se escucha: “siempre estuvo acá, desde que se compró la casita”. Así que fuimos a preguntarle a Pepe y nos contó: “Cuando compramos la casita para hacer una capilla, no habíamos pensado todavía cómo llamarla, pero el día en que la inauguramos nos dimos cuenta de que justo era el día del “Sagrado Corazón de Jesús”; pensamos que era un buen nombre. Además, por gran sorpresa, durante el festejo, el amigo Martín llegó trayendo esta gran estatua, muy pesada, del Sagrado Corazón de Jesús sin saber ni que estábamos ahí, dado que nos había ido a buscar a la iglesia del Señor del Milagro, ni que así llamaríamos a esta capilla que estábamos inaugurando … lo interpretamos como una señal muy linda”.

Se registró esta devoción, por primera vez, en el medioevo; pero fue en el 1673 que se propagó gracias a Santa Margarita María de Alacoque, religiosa francesa de la Orden de la Visitación de Santa María. Jesús se le aparecía en varias ocasiones para contarle cuánto su corazón estaba sufriendo a causa del comportamiento del hombre que caía en la tentación del pecado. Ella le explicó a su confesor que Jesús le decía que la amaba mucho tanto a ella, como a toda la humanidad y le pedía que enseñara a amarlo más, a rezar y a tomarlo como ejemplo y guía en las decisiones de todos los días. Durante la primera revelación, tomó el corazón de Margarita y lo puso junto al suyo en llamas ardientes y se lo devolvió comentándole que, para que no pensara que era imaginario, siempre le quedaría un fuerte dolor en su costado: “He ahí, mi bien amada, una preciosa prenda de mi amor, que encierra en tu costado una chispa de sus más vivas llamas, para que te sirva de corazón y te consumas hasta el último instante y cuyo ardor no se extinguirá ni enfriará.”

Serán muchas las revelaciones, en que Jesús la hace partícipe de su dolor y angustia antes de su muerte y le pide que rece en nombre de todos los que él ama pero que eligieron otro camino. Todos los primeros viernes del mes, la llaga al costado de la religiosa se hacía visible y dolorosa. Jesús le pidió no solo que hiciera conocida la devoción al Sagrado Corazón y las promesas que Jesús cumpliría a quienes lo adoraban, sino también que instituyera un día para recordarlo y festejarlo, que sucesivamente sería el viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés. Además de esta fiesta, en la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús, celebramos el día de San Expedito, el Santo del hoy, del ya, de los casos urgentes. Él era un militar romano de principios del siglo IV, en la época del emperador Dioclesiano, quien fue autor de la peor persecución cristiana durante el imperio romano. La leyenda cuenta que un día, después de ver cómo tantos creyentes enfrentaban su muerte por la fe, la gracia del Espíritu Santo lo convirtió. Por eso en una mano tiene la cruz; pero, cuando Dios se hace tan presente en la vida de uno, también el mal busca su espacio y prevalencia, por lo que se le apareció éste bajo la forma de un cuervo, que gritaba “cras, cras”, que en latín significa “mañana”. En la imagen, se presenta a San Expedito pisando al animal, como afirmando que esta decisión que él tomó, y que nos invita a tomar y confirmar cada día, no puede postergarse, es “Hoy, ya”.

Silvia Pizio

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