“Estaba sola y en el Hogar encontré amigas que cuidan de mí y de mi bebé”

MILAGROS

Una jovencita deja el colegio secundario para afrontar el nacimiento de su bebé prematuro, encontrando en el Hogar del Abrazo Maternal el apoyo y la fortaleza para criarlo, además de hacerse de un nuevo grupo de amigas y planificar la finalización de sus estudios.

Me llamo Milagros, tengo 19 años y soy la mamá de Joan. Él nació prematuro el 14 de abril; lo esperábamos para el 4 de julio. Fue algo muy raro, apresurado. Recuerdo que el 13 de abril estábamos festejando el cumpleaños de mi papá, con mi marido y mi hermano. Después de terminado el festejo fui a lavarme y me encontré sangrando; me llevaron al hospital “Eva Perón” de urgencia. Ahí me revisaron, terminaron de romper la bolsa que ya estaba rompiéndose y aceleraron el nacimiento de Joan, que casi estaba naciendo muerto. Me lo salvaron en el hospital. Gracias a Dios está con nosotros; yo vivo con mi papá, mi hermano y mi pareja. En mi casa, todos estamos felices. En todo momento, mi marido me acompañó y también mi papá y mi hermano.
Conocí el “Hogar del Abrazo Maternal” por intermedio de Eva, la suegra de mi hermano. Ella me contó de la existencia del Hogar que es una obra del padre Pepe; entonces, decidí acercarme, me fijé, conversé con las otras chicas, tomamos mate; especialmente, con todas chicas embarazadas como yo.
El principal motivo que encontré para acercarme es que estaba sola en casa y en el Hogar sabía que me sentiría protegida, cuidada, contenida por todas las mamás. Hice amigas nuevas, yo soy chica y por eso tenía un poco de miedo de estar sola. En casa, todos trabajan. No tuve grandes necesidades económicas, pero sí agradezco todo lo obsequiado en el Hogar. Mi principal problema y el de mi familia es que, en mi casa, se llueven los techos y pese a que los hombres trabajan no podemos comprar chapas ni tirantes para arreglarla. Los gastos se van mayoritariamente en alimentos y medicamentos.
Por suerte, está Gladys; ella siempre me acerca leche y pañales. Gladys siempre está presente, siempre se ocupa de cada una de las mamás del Hogar. Tanto ella como Alejandra y las otras integrantes, todas son muy buenas personas, me trataron muy bien desde el primer momento en que llegué. Soy una más del hogar; gracias a Dios me aceptaron en la Capilla y es muy lindo, estamos juntas, nos reímos, charlamos, nos ayudamos entre todas, pasamos lindos momentos. Me gusta ir a la Capilla de Luján pero, por ahora, no puedo. Joan apenas tiene tres meses.
Desde que vine al Hogar tengo amigas, muchas de distintas edades; algunas mayores, otras como yo. Siento que tengo amigas para charlar… me gustaron mucho las charlas que tuve con Blanca; ella es muy buena persona, siempre tiene una palabra de aliento y, además, hace comida rica; siempre está pendiente de las necesidades de cada una de nosotras, qué comemos y si nos gusta o no la comida.
El Hogar es muy lindo como todo lo que hace el padre Pepe. Cuando me enteré de las actividades de la capilla de Luján, fui; empecé a estar con los chicos y después con Alejandro, que es buenísimo y me invitó a acercarme, vino a mi casa, se preocupó por mí y por mi embarazo, me invitó a participar. En un principio, iba a la Capilla del Milagro pero con el avance del embarazo no pude ir más allí y fui a la Capilla de Luján. Después, directamente me incluyeron en el Hogar maternal.
Estaba en cuarto año del colegio cuando quedé embarazada de Joan y dejé de asistir a clases porque tenía muchas náuseas, me sentía mal, tenía miedo de desmayarme y como no me dejaban salir a ningún lado dejé la escuela; pero espero retomar y finalizar mis estudios el año que viene. 
Agradezco mucho al padre Pepe y todo lo que él hace. Veo muy linda la construcción de la escuela, en el Milagro, para los chicos del barrio. Hizo algo que nadie nunca pudo o quiso hacer. Es muy buena su obra; la de él como la de todos los que participan y ayudan. Pepe ayuda a todos sin mirar quien sea, en todo momento siempre tiene tiempo para cada uno. En cada Capilla, tanto el Milagro como Luján, todos son divinos y me trataron muy bien. El padre Pepe es un gran hombre, un gran padre, una gran persona que siempre sabe en qué puede ayudar o qué necesita cada uno. Si tengo que decir algo para finalizar es que quiero ver a Joan corriendo y jugando con los demás chicos. ¡Gracias a todos y a cada uno de los miembros de la comunidad!

Miguel Di Chiara

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