JUDO: El camino de la suavidad

“Soñar está bueno, hacerlo realidad, mejor” nos dijo Don Bosco. Y acá estoy, soñando y trabajando en comunidad para que el deporte llegue cada vez a más chicos de todos los barrios de José León Suarez.

Llegué a la Parroquia San Juan Bosco como muchos otros, buscando conocer al Padre Pepe, intrigada por su trabajo incansable, su sencillez y entusiasmo. Llegué con la ilusión de poder entregar algo de lo que alguna vez aprendí y me sirvió para crecer. Llegué con muchas ganas y me quedé. Alguna vez me preguntaron ¿Te atreves a soñar con un mundo mejor? Y esa pregunta quedó dando vueltas en mi corazón, porque necesitaba una respuesta. Y esa respuesta la encontré acá.

“Soñar está bueno, hacerlo realidad, mejor” nos dijo Don Bosco. Y acá estoy, soñando y trabajando en comunidad para que el deporte llegue cada vez a más chicos de todos los barrios de José León Suarez.

¿Por qué enseñar deportes en la villa? Porque soy deportista y encontré en el deporte un lugar de pertenencia; porque creo que el deporte es el acceso a algo distinto, a algo mejor. El deporte construye vida, construye identidad y pertenencia, al Club y al Barrio. Y construye lazos de amistad, solidaridad y crecimiento en equipo.

¿Y por qué enseñar JUDO? Porque después de conocer muchos deportes hermosos, el Judo me cambió la vida, me ayudó a crecer. La UNESCO lo declaró como el mejor deporte inicial para niños y jóvenes, ya que permite una educación física integral, haciendo uso del juego y la lucha como elemento integrador.

El Judo es un arte marcial de origen japonés. Lo podemos definir como el camino de la flexibilidad, de la suavidad. Te enseña a defenderte, a perder tus miedos, a respetarte y a respetar a tus compañeros, desarrolla una gran resistencia física, fortalece tu espíritu, te vuelve más disciplinado y responsable, mejora tu autoestima y te permite ser parte de un gran equipo.

Tiene sus propias normas de etiqueta que se adquieren a lo largo de la práctica, como el saludo, la importancia de la higiene, y el respeto a los maestros. Nos enseña también un sistema de valores que debemos respetar en todos los ámbitos de nuestra vida, no solo dentro del club. Como la cortesía, el coraje, la sinceridad, el autocontrol, la amistad. Y sus principios son pilares que nos ayudan a ser cada día mejores deportistas y mejores personas.

Enseñar Judo en la villa, significa abrir las puertas a un futuro mejor, abrir la puerta a los sueños, a las posibilidades, a reír y jugar juntos, a saber, que con esfuerzo y ayuda se pueden lograr muchas cosas. Enseñar Judo en la villa es una hermosa forma de hacer amigos, formando una red de contención tanto para los chicos como para sus familias, fortaleciendo los lazos de la comunidad. Enseñar Judo en la villa es compartir experiencias, abrazos, mates, paseos, en definitiva, vivir la cultura del encuentro, de la que nos habla Francisco, saliendo de nuestras comodidades y autor referencialidad para reconocernos hermanos.

Y todo esto, ¿sirve para algo?

Dijo Adams “Un profesor trabaja para la eternidad, nunca sabrá hasta dónde llegará su influencia”. Y si, a veces siento que es una tarea difícil. Pero cuentan los sabios una pequeña historia sobre el bambú japonés, metáfora del trabajo para alcanzar un sueño. Cuentan que cuando se siembra una semilla de bambú, esta no crece rápido, aunque la reguemos y abonemos todos los días. De hecho, el bambú japonés no sale a la superficie durante los primeros 7 años. Un cultivador inexperto pensaría que la semilla es infértil, pero pasados esos años el bambú crece más de 30 metros en sólo semanas.

Es que, durante los primeros años, el bambú estaba echando sus raíces, fuertes y profundas, para sostener luego su altura frente a los fuertes vientos. Durante esos primeros años, nuestra semilla no fue indiferente al amor que recibió, cada riego, cada cuidado fue alimento esencial para su crecimiento.

La vida es como el bambú. Los sueños no se alcanzan de un día para el otro, necesitan esfuerzo, paciencia, perseverancia, amor. No puedo entonces olvidar que cada acto de amor, cada entrega, ayudan a fortalecer las raíces que sostendrán un futuro enorme en cada chico, que comenzó en esos primeros pasos dados con miedo, en esas primeras clases de Judo.

Por María Eva Egea

Profesora de Judo