Un crack a tiempo completo

Se llama Diego Javier Carrizo pero en el barrio todo el mundo lo conoce como Dracu. Es el líder deportivo indiscutido de villa La Cárcova, alma y figura clave del Club San Juan Bosco

Quien lo conoce sabe que no es un tipo dispuesto a rendirse con facilidad. Y eso es lo que les enseña y transmite a sus jugadores. El aliento a sus muchachos es incansable. Su energía, contagiosa. “Los voy buscando, les digo ‘tranquilos que vamos a andar bien’”, explica. “Pero ayer, como llovió, no pudimos practicar, y hoy tampoco. Ellos mismos querían ir a correr a la noche a las 9. Están tensionados, están esperando el día”.

Era la víspera de la final de la Liga del Potrero en La Bombonera. Los chicos —como siempre vestidos de amarillo y blanco, los colores papales— perdieron por penales. Pero no importa. Jugaron bien y, después de todo, “lo más importante es que la pasen bien”.

Dracu (“el nombre es por los colmillos”, cuenta entre risas), recuerda cómo comenzó el Club y su trabajo de entrenador. “Era un Centro Deportivo y ahora es Club. Todos nos conocen por Don Bosco. Gracias al esfuerzo de 5 años y a Pepe, que le dio importancia al deporte y me dio una mano en esto que ahora es grandísimo”, dice. Entre las actividades del Club no hay sólo fútbol. Ni mucho menos. “En las distintas capillas hay vóley, cricket, básquet, hándbol, taekwondo, judo. Porque había algunos que venían conmigo pero no les gustaba el fútbol, otros en cambio están en la murga. Todos animándose a buscar su propio proyecto”. Tampoco se olvida de quienes colaboran con él todos los días. “Arrancamos con Paula, mi señora, mi hermana María y todos los padres que me ayudaron”, dice.

“Ojalá hubiese habido algo parecido cuando era pibe, vivía sin rumbo en la calle y terminé en medio de un tiroteo que me dejó en silla de ruedas”, reflexiona Dracu sobre sí mismo. Ese momento marcó un antes y un después en la vida. Desde entonces su misión es evitar que otros chicos del barrio anden en la calle metiéndose en cosas malas. Y para lograrlo les propone una rutina de entrenamientos y meriendas. Sabe que el deporte puede ser una escuela de vida.

La “movida”, como él la llama, es impresionante. “Hay 80 chicos con la Liga del Potrero de 12 a 18 años, después hay 70 más en infantiles. Yo en realidad tengo anotados 175 chicos, entre los que van y vienen son 120 aproximadamente”, explica.

Pese al crecimiento, los proyectos no paran. Están a punto de arrancar varios campamentos para hacer la pretemporada y además se cerró un convenio para llevar a los chicos a la colonia del Parque San Martín. “Descansamos hasta el 20 de enero y a partir de ahí retomamos. No queremos cortar la actividad porque los chicos se descarrilan y andan en la calle”, explica.

Otro de los objetivos es entrenar en cancha de 11 y jugar un torneo grande. Y también formar un equipo femenino. “Ahora quiero armar otra vez la Liga del Potrero de mujeres y dirigirla yo. Me voy a tener que hacer de plástico, ir a la mañana con ellas y a la tarde con los juveniles”, dice riendo.

“Ya tengo 20 chicas que quieren volver a jugar”, cuenta. “Lo cual a la vez me da risa y me da fuerza, porque las chicas que arrancaron hace 4 años mejoraron un montón, las cambió un montón el entrenamiento que hacían con nosotros”, destaca con orgullo.

Aunque nunca se olvida de la regla fundamental: “Si quieren volver tienen que entrenar. Porque lo nuestro es la contención: la enseñanza es lo primordial”.

Por Andrea Bonzo